Se sentó, desafiante, aunque sin el aura de poder de antaño, en la primera fila y muy cerca de donde el Presidente dirigiría su mensaje. César Milani , el poderoso jefe del Ejército de Cristina Kirchner , fue el inesperado testigo de los guiños que Mauricio Macri dirigió en el Colegio Militar de El Palomar, adonde llegó con motivo del Día del Ejército.
“Hemos comenzado una nueva etapa en la vida de nuestro país, la cual impulsa a dejar atrás enfrentamientos y divisiones”, afirmó el Presidente, ante un auditorio que incluyó al titular del Estado Mayor Conjunto del Ejército, general Diego Suñer, y al ministro de Defensa, Julio Martínez. Milani, defensor del “ejército nacional y popular” que impulsaban los Kirchner, asintió en silencio y se fue no bien terminó el discurso del Presidente.

Ajeno a la presencia del general Milani, Macri dio un discurso conciliatorio para con las Fuerzas Armadas y volvió a diferenciarse del kirchnerismo. “Las Fuerzas Armadas vienen de años en los cuales el Estado las ignoró y las abandonó, y eso trajo problemas de presupuesto, problemas de equipamiento, de infraestructura”, dijo el Presidente. Y agregó que las fuerzas “también han enfrentado severos problemas en el ingreso, en los salarios, en las jerarquías, en el no reconocimiento, en forma contributiva, para aquel que se tiene que jubilar”.
El comentario no era inocente: horas después, y en diálogo con los periodistas acreditados en la Casa Rosada, Macri anunció una suba en los salarios para los miembros de la Gendarmería y la Prefectura, escenificados minutos después junto a los jefes de esa fuerzas y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich .

“Este compromiso de decir la verdad también involucra pagarle a la gente lo que corresponde y en blanco”, dijo el primer mandatario. Y precisó que el reajuste se traducirá “en un 9 por ciento de aumento real” para los gendarmes y prefectos en actividad, por encima de la pauta que ya les fue otorgada, y un “55 por ciento para los jubilados”.

Equilibrio
Según fuentes del Gobierno y los ministerios de Defensa y Seguridad, el reajuste a las distintas fuerzas “tiene que ver con equilibrar las cosas, y que todos cobren lo mismo”. Y enfatizaron que los distintos guiños del Gobierno cayeron bien en las Fuerzas Armadas, acostumbradas a pocas presencias oficiales en sus actos (Cristina estuvo sólo una vez en el festejo del Día del Ejército, en 2010) y a gestos de frialdad por parte del kirchnerismo.

“Nuestro personal se esperanza e ilusiona cuando escucha de su boca su mensaje, cuando afirma que las Fuerzas Armadas siempre fueron valoradas por la Nación, aunque no siempre por el Estado”, afirmó Suñer en su mensaje, previo al del Presidente.

La presencia de Milani fue, tal vez, el único lunar en una jornada plena de gestos de conciliación. “Corresponde invitarlo por protocolo, estuvieron otros ex jefe del Ejército, como Martín Balza”, explicaron cerca del ministro de Defensa. Otro alto funcionario de ese ministerio se sinceró: “Hubiéramos preferido que no esté, pero no nos quedó otra que invitarlo”, afirmó a LA NACION.

Imputado por el juez federal Daniel Rafecas, que lo investiga por enriquecimiento ilícito, e involucrado en causas de violaciones de los derechos humanos durante la última dictadura, Milani renunció a su cargo a fines de junio de 2015. Los tiempos cambiaron, pero pareció lograr su objetivo: no pasar inadvertido

 

fuente LA NACIÒN

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