La madrugada del martes de la semana pasada, alrededor de las 5, el personal a cargo de la limpieza del palacio de la gobernación bonaerense ponía a punto los despachos aún vacíos de los funcionarios. Como cualquier otro día. O casi: al pasar por la oficina de María Eugenia Vidal , se encontraron con dos policías bonaerenses revisando los cajones y documentos de Soledad Borsani, secretaria privada y mano derecha de la gobernadora. La puerta que separaba ese despacho de la oficina de Vidal estaba abierta.
Los funcionarios se enteraron de la situación recién una semana después, anteayer, cuando la mujer de limpieza que se topó con los policías comentó lo sucedido. El secretario general de la Gobernación, Fabián Perechodnik, presentó una denuncia contra los uniformados, que investiga la fiscal de la UFI 1 de La Plata, Ana Medina.

Según señaló a LA NACION el ministro de Seguridad bonaerense, Cristian Ritondo , los dos policías ya fueron identificados. Integraban el personal a cargo de la custodia del Palacio. “Su trabajo era que nadie entrara a los despachos, no entrar a revisar documentos. Su excusa fue decir que estaban probando las llaves”, señaló el ministro.

Ambos policías fueron pasados a disponibilidad y sumariados mientras la fiscal Medina (que ayer recorrió la Gobernación) y Asuntos Internos de la policía bonaerense investigan los hechos. Vidal, por su parte, removió también a la jefa de su custodia personal y al jefe de seguridad de la Gobernación.

“El personal de limpieza fue quien comentó que vio a policías revisando los cajones y papeles del antedespacho de la gobernadora, donde trabaja su secretaria privada”, agregó Ritondo. “Podrían también haber ingresado al despacho Vidal, porque la puerta estaba abierta. Pero no detectamos que falte nada en ninguno de los despachos”, completó.
En los despachos de la gobernadora no hay cámaras. Tampoco un sistema de cerraduras electrónico. Sólo llaves, a la antigua.

Nadie creyó la explicación de los policías de “probar llaves” en horas de la madrugada. “Raro” o “sospechoso” fueron dos de las palabras que ayer repetían los funcionarios de Vidal ante un hecho, cuanto menos, inquietante y que tiene todos los visos de un mensaje intimidatorio.

No es el primero. Así fue interpretado el robo al intendente de La Plata, Julio Garro, en marzo, que tiene a un policía como principal sospechoso. Y la posterior mudanza de Vidal a una base militar de Morón. Todo esto, en medio de un purga sostenida de la bonaerense, con mil expulsiones en lo que va del año.

 

fuente LA NACIÒN

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