Un martes a las 22, el humo de los cigarrillos hacía irrespirable la oficina, situada a cien metros del Obelisco. Dos narcotraficantes trataban de convencer a un periodista de que no sabían nada de la cocaína que se había encontrado en un cargamento que ellos, como aduaneros, debían controlar. La charla, a media luz en el estudio del abogado Carlos Broitman, era amable. Pero sus clientes no podían disimular su condición de hampones, aunque a esa hora y en ese ambiente sonaran convincentes. Para Broitman, siempre fue importante trabajar en persuadir a los medios.

Eran los comienzos de Broitman como abogado del narcotráfico. Otro de sus primeros clientes era por entonces Manuel Kleiman, un arrepentido que fue condenado a 10 años de prisión por llevar cocaína a España. Sus revelaciones hicieron caer una red de transporte de drogas ligada a los colombianos asesinados en el shopping Unicenter, y Kleiman, diabético y con muletas, mejoró sus condiciones de encierro. El abogado avisó a los fotógrafos del narco lisiado. Para Broitman, siempre fue importante que lo captaran las cámaras.

Empezó como abogado de estafadores de cuello blanco, pero dice que su caso más importante fue obtener la absolución del comisario Miguel Ángel Timarchi, acusado de violaciones de los derechos humanos por la Masacre de Fátima.

Luego vinieron los Juliá, Eduardo y Gustavo -presos en Barcelona por tripular un avión cargado con una tonelada de cocaína-, y no pudo evitar la extradición del narco colombiano “Mi Sangre”. También defendió al colombiano Ignacio Álvarez Meyendorff, extraditado a los Estados Unidos, y a otros miembros de esa familia, en la operación antinarcóticos Luis XV. Ahora mismo está en pleno juicio oral por este caso, en el que se secuestraron 400 kilos de cocaína en un velero en el Río de la Plata.

A este experto recurrió Ibar Pérez Corradi , que era defendido por Juan José Ribelli, ex comisario absuelto por el ataque a la AMIA. Broitman tardó un año en compartir la defensa con Ribelli. Antes tuvo que dar explicaciones a la comunidad judía local y en Nueva York.

Defiende a Guillermo Greppi, el financista que logró, gracias a su amistad con Carlos Liuzzi, ex número dos de Carlos Zannini, que el ex juez federal Norberto Oyarbide parara un allanamiento en su financiera. Broitman fue quien envió a los medios las fotos de los fajos de los dos millones de dólares secuestrados a su cliente en su casa hace un mes. Con Greppi se conocen desde chicos, cuando practicaban karate. El abogado llegó a cinturón marrón, aunque hoy prefiere la menos riesgosa mountain bike en su country. Separado, con una hija que trabaja en su estudio y lo cela, Broitman mantiene desde hace seis años una relación con una abogada empleada en una fiscalía donde se investigaba a los Juliá. Broitman explica que su vínculo con la mujer es anterior a esa causa.

Como antes, ahora se ocupa de los medios. Hasta para organizar una conferencia de prensa a Pérez Corradi en una fiscalía paraguaya mientras demora su extradición para negociar el lugar de detención en Buenos Aires, que les dé su apellido a sus hijos paraguayos y su declaración ante la justicia argentina.

 

fuente LA NACIÒN

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