Cuando la policía bonaerense rodeó a José López, entrada la madrugada del martes 14, Julio De Vido dormía en el departamento que alquila sobre la Avenida del Libertador. Había tenido un día de ajetreo, con rondas de mate en la provincia de Buenos Aires y recorridas por caminos de tierra. Le había dedicado ese lunes a la militancia territorial, una actividad que alternó con la vida legislativa desde que perdió el control sobre la obscena caja de la obra pública. Horas después, la foto de su ex subordinado esposado y los fajos de dólares al desnudo lo obligaron a redefinir su agenda.
Desde que López fue sorprendido in fraganti, De Vido suspendió las recorridas con la bandera del Frente Ciudadano, el proyecto que Cristina Kirchner lanzó desde las escalinatas de Comodoro Py en abril. Faltó a reuniones de comisión en el Congreso y se ausentó a la sesión en la que se votó el pago a los jubilados. Se recluyó en su casa y mantuvo línea directa con los abogados del estudio Virgolini & Maloneay, que están delineando las estrategias con las que enfrentará el vendaval judicial.

Durante las horas más calientes del escándalo del ex secretario de Obras Públicas, De Vido permaneció en el departamento porteño que suele utilizar los días de semana. Es el mismo inmueble que hoy estará en el ojo de la tormenta en la Cámara baja cuando se debata el allanamiento que hasta ahora pudo frenar con sus fueros legislativos.

El fin de semana largo se cobijó en su chacra en Puerto Panal, en la localidad de Zárate, donde suele distraerse con sus palomas mensajeras. Afiliado a la Federación Colombófila Argentina, compite en ese deporte con el equipo La Limeña.

A pesar de que López lo dejó bajo la lupa de la opinión pública, De Vido no habló en la última semana sobre su ex subordinado dentro del Ministerio de Planificación ni respondió a las acusaciones de sus adversarios políticos. Su vocero, incluso, se fue de viaje al exterior por varios días y lo dejó sin escudo mediático.
Hasta ayer, cuando dijo sentirse “consternado” por el proceder de López, sus únicas manifestaciones públicas habían sido en Twitter. En la red social embistió contra el titular de la Cámara Argentina de la Construcción, Juan Chediak, protestó por las noticias que lo vincularon con el Lava Jato y cuestionó las políticas energéticas actuales.

De Vido retomó el trabajo recién el martes, cuando volvió a su despacho en la oficina 1060 del Anexo de la Cámara baja, lejos del poroteo legislativo y de los pasillos del Palacio. Sus compañeros no lo vieron hasta ayer a la tarde, cuando entró en silencio a la reunión de bloque del Frente Para la Victoria. Por largos minutos no emitió comentarios.

Mientras, desde Comodoro Py le llegaba la noticia de un nuevo procesamiento, esta vez por supuestas irregularidades en la renegociación de la concesión de los servicios ferroviarios. En esa causa está complicado junto con el ex secretario de Transporte Ricardo Jaime.

El ex superministro, que llegó a manejar un presupuesto de casi US$ 40.000 millones por año, hoy tiene sus bienes inhibidos por la justicia federal y un 20% de su sueldo embargado. “No puedo ni cambiar el auto”, se quejó a sus allegados días atrás. Mientras, ensaya la estrategia con la que buscará despegarse de los ex funcionarios que hoy están en Ezeiza, tras las rejas.

 

fuente LA NACIÒN

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