Por segunda vez en tres semanas,Lázaro Báez será escuchado esta mañana por los tres jueces de la sala II de la Cámara Federal porteña. El rarísimo privilegio responde a las expectativas respecto a las supuestas pruebas que el empresario K pueda aportar sobre su grave acusación contra el juez Sebastián Casanello, a quien dijo haber visto en la Quinta presidencial de Olivos en septiembre del año pasado. En ese encuentro -que tanto Casanello como la ex Presidenta desmintieron-el juez habría conversado con Cristina sobre la causa judicial que investiga el lavado de activos en “la ruta del dinero K”.

Según pudo saber Clarín, y si es que no se arrepiente a último momento como antes de la audiencia del lunes 6 de junio, esta vez el zar de la obra pública dará detalles sobre esa reunión y tal vez sobre otras dos más, contará que a él lo citaron desde la Secretaría General de la Presidencia para ir a Olivos ese día en que habría coincidido con Casanello, y pedirá que sus dichos sean comprobados con el registro de las cámaras de seguridad del barrio.

 

Como en el cuento del pastorcito mentiroso, es necesario sembrar de prevenciones y advertencias el camino de la noticia que conduce a Lázaro Báez. Hasta la semana pasada, cuando por primera vez admitió en una carta manuscrita los rumores que hasta entonces atronaban en muchos medios, el empresario favorito de los Kirchner había enfilado una sucesión de requiebres y medias palabras respecto a los motivos con los cuales esperaba que la Cámara aparte a Casanello de la causa por la que está preso en la cárcel de Ezeiza.

 

Sin despejar del todo sus remilgos, Lázaro escribió entonces que en septiembre del año pasado había visto al juez en la Quinta de Olivos, esperando para reunirse con la entonces Presidenta. Con la jugada, que en un solo e incomprensible acto luego fue refrendada y repudiada por quienes hasta hoy son sus abogados –los doctores Rafael Sal Lari y Daniel Rubinovich–, buscó salir en apoyo de Leandro, el hijo menor del empresario que había irrumpido en el expediente con un escrito en el que acusaba a Casanello de no ser imparcial y de haberse reunido con Cristina supuestamente para coordinar la deriva de la causa hasta un barranco del que sería difícil sacarla.

Sigamos con el repaso: esa carta, que motivó la cita de los camaristas a Lázaro para hoy, también buscó clarificar los balbuceos del propio Báez en la primera audiencia ante esos mismos jueces, el 6 de junio, en un encuentro que había sido especialmente pedido por Lázaro y en el cual se esperaba –el tribunal tanto o más que la prensa– que aportara datos y pruebas concretas para pelear por la remoción de Casanello. La palabra del juez vale mucho más que la de un acusado por millonario lavado de dinero. Como corresponde.

 

Así llegamos a hoy. En su inusual revancha, y si no se cruza otro cisne negro, Báez podría decir que a aquella famosa cita en Olivos –que en verdad habrían sido tres– fue convocado desde un teléfono de la Secretaría General de la Presidencia, comandada entonces por el hombre de confianza de Cristina y operador judicial K Eduardo “Wado” De Pedro. Según supo Clarín, Lázaro también ofrecería los pasajes del vuelo con el que vino desde Río Gallegos para ese encuentro, y pediría que se chequee el contenido de varias cámaras de seguridad públicas de Olivos, sobre todo las que están en la esquina de avenida del Libertador al 1800, casi Italia. Esa respuesta la debería dar el municipio de Vicente López, dirigido por Jorge Macri.

Habrá que ver. Otro dato clave se supo ayer: el regreso de Germán Moldes a la fiscalía de Cámara, tras una larga licencia. Su presencia y su rol en este juego también podrían influir en el resultado.

 

fuente CLARÌN

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