La desigualdad y el trabajo infantil detrás de la producción de la infusión más amada por los argentinos, la yerba mate, forman parte de una realidad que entristece a Misiones, una de las principales productoras del país, y conmueve al mundo.

Entre los pasos y acciones concretas que ayudaron a retratar esta problemática -afianzada hace décadas en el interior y que en los últimos meses tuvo un alto impacto global- sobresale el documental “Me gusta el mate sin trabajo infantil”, creado por Posibl, una ONG referente en contenidos y campañas de impacto social que busca ayudar a tomar conciencia de que es necesario el compromiso de todos para solucionarla con eficacia.

El documental, basado en testimonios de tareferos acerca de las dificultades de vivir en los yerbales y las condiciones insalubres en las que muchas veces ellos trabajan, junto a sus mujeres e hijos pequeños, fue visto por 60 millones de personas distribuidas en distintos países y llegó también a manos del Papa Francisco durante la reciente cumbre mundial de jueces celebrada en el Vaticano.

“Fue altísimo el efecto que tuvo el documental y las millones de personas que lo vieron. Con las herramientas de hoy, y las experiencias que se viven, se pueden logran grandes cambios”, confía entusiasmado a LA NACION Martín Palato, CEO y fundador de Posibl sobre el camino que siguió la filmación que recorre al mundo, al entender que este tipo de proyectos emponderan a la gente a la hora de erradicar viejas prácticas.
En paralelo, las firmas de apoyo a la petición on line para poner fin al trabajo infantil en Misiones, promovidas mediante la plataforma Change, también se reactivaron tras la difusión del documental. Actualmente, la idea de certificar la ausencia de chicos detrás de la producción de la bebida nacional, recibió casi 60 mil firmas, y crece día tras día.

Apoyo local

La impronta que alcanzó el documental en el exterior, en realidad, se gestó y promovió desde Buenos Aires, cuando Posibl y Change llevaron al Congreso, a fines de abril, el documental sobre la industria del mate, con el objetivo de acompañar un proyecto de ley en curso que regule la certificación.

“Lamentablemente, hoy no puedo recomendar ninguna marca del mercado. La yerba está sucia, y hay que limpiarla”, planteaba en esa oportunidad a LA NACIONPatricia Ocampo, hija de ex tareferos de Misiones. “Aquí el consumidor va a cumplir el rol más importante porque es el que va a elegir. Pensamos que todos van a querer certificar”, comentaba días después de la presentación.

Durante agosto y en sintonía con el trabajo que realizan los sectores involucrados, Parlato adelantó a este medio que tendrán una nueva reunión con legisladores para revisar el estado de la iniciativa y poder avanzar hacia una solución definitiva.

La cosecha, en números

El 90 por ciento de la yerba mate que se consume en la Argentina y el 60 por ciento de la que se puede adquirir en el exterior se cultiva en Misiones, con trabajo infantil. El 16 por ciento de los menores, hijos de tareferos, nunca concurrió a la escuela y se dedica al trabajo rural para ayudar a sus familias. En ese contexto, el 80 por ciento de esas familias usa letrinas y casi el 50 por ciento no tiene agua potable.

 

fuente LA NACIÒN

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