La Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), alineada con el Gobierno de la ex presidente Cristina Fernández, innovó en prácticas que excedieron al mundo del saber académico. Fue utilizada para financiar telenovelas o programas de tevé de costos millonarios vehiculizados a través del ministerio de Planificación Federal. La UNSAM fue pionera en otra política única. Difundió de modo planetario, a través de su web, cuál era la “puerta de entrada” a un organismo estatal basado en la confidencialidad y el secreto. La UNSAM fue una usina pública para reclutar posibles espías de la Administración Federal de Investigaciones (AFI) K, la ex SIDE. En el sitio http://noticias.unsam.edu.ar/2015/08/21/busqueda-laboral-7/, el título “Búsqueda laboral” antecedía a un texto que explicaba que la AFI buscaba empleados para los siguientes puestos: Informáticos de Inteligencia; Asistentes Administrativos de Inteligencia; Analista de Inteligencia; Oficial de Inteligencia; y Oficial de Seguridad, Custodias Especiales.

Para cada cargo se especificaba cuáles eran los requisitos que se debían cumplir para enviar curriculums. El “cierre de la convocatoria fue el 31 de agosto del 2015”. Antes de las elecciones.

El link se dio de baja de la web de la UNSAM, pero puede encontrase aun on line en red si se lo busca con especificidad.

La difusión pública hacia qué puestos la AFI necesitaba cubrir, podría estar develando falencias que deberían haberse ocultado, explicaron a Clarín expertos en el tema.

La AFI había firmado con facultades K, entre las que también se encontraban la de Quilmes, la UTN, la de Comahue y Córdoba.

La actual conducción de la AFI, por ejemplo, firmó convenios con universidades para poder tentar a buenos alumnos con una carrera en el espionaje que empieza con estudios en la “Escuela Nacional de Inteligencia”. Los servicios secretos más exitosos del mundo utilizan esos métodos.

Pero la UNSAM, por pedido del ex jefe de la AFI K fue indiscreta de un modo notable en un ámbito cuya característica crucial es la discreción.

Entre los requisitos para postularse a Oficial de Inteligencia, por ejemplo, se resaltaba que se buscaban psiquiatras especialistas en adicción, sociólogos y economistas, entre otras carreras como la de geógrafo. Y además se pedían traductores de inglés, chino, ruso o alemán.

El escritor inglés Graham Greene fue espía del MI16 de su país. Alguna vez explicó que “Ya en la primera guerra mundial el servicio secreto echó mano de algunos intelectuales, por dos razones: la primera, porque se suponía que los intelectuales estaban especialmente capacitados para observar a la gente, fijarse en los rostros y en las reacciones, en las señales” y agregó por su capacidad de expresarse, porque saben contar lo que ven”.

Greene develó que otros escritores que trabajaron de espías fueron W Sommerset Maugham y Compton Mackenzie. Todos fueron contactados por sus jefes de forma secreta.

 

fuente CLARÌN

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