Los bolsos repletos de dólares provenientes “de la política” que José López llevó al monasterio de General Rodríguez estaban ocultos en un misterioso recoveco en el dormitorio matrimonial de la casa de Tigre del ex secretario de Obras Públicas. Para acceder al lugar había que utilizar una escalera, que permitía llegar a los tanques de agua de la vivienda. En ese diminuto espacio había listones de madera flojos que, una vez corridos, hacían surgir un doble piso separado por goma espuma. El ingenio de López para montar un escondite para plata de dudoso origen es sólo la última muestra de una serie de formas de ocultar dinero proveniente de la corrupción, o sin justificación clara.

Las múltiples formas de desviar dinero público hacia las arcas personales son sólo una parte de la ingeniería que utiliza la corrupción. Después hay otra fase del proceso, que se debe poner en marcha una vez que el dinero llega a las manos del interesado, que es la de encontrar la forma de ocultarlo, transportarlo, o de acopiarlo. Durante el kirchnerismo, los entramados de sociedades, los sobreprecios, o las supuestas coimas lisas y llanas encontraron diversos espacios de almacenamiento. De la bolsa con dinero hallada en el baño del despacho de la ex ministra de Economía Felisa Miceli, a los bolsos de López, el kirchnerismo ha explorado con las formas de ocultar el dinero.

El 5 de junio de 2007, una inspección policial de rutina en el despacho de la entonces ministra de Economía, Felisa Miceli, terminó en el descubrimiento de un sobre de papel madera que contenía $ 100.000 y US$ 31.670, que estaban en el baño de la oficina. La revisión era un procedimiento usual, en busca de explosivos en el ministerio, pero ese día pasó a la primera plana de los diarios y el caso pasó a conocerse como “La bolsa de Felisa Miceli”.

Miceli no pudo justificar el origen de la plata. Quiso defenderse diciendo que era un préstamo de un hermano, pero en 2012 se la condenó a cuatro años de prisión por encubrimiento agravado, sustracción y ocultamiento de documento público (porque intentó sustraer el acta policial de la inspección a su despacho). Sucesivas apelaciones dejaron la pena en tres años de prisión en suspenso.

El baño como espacio para ocultar dinero tiene otro ejemplo en el kirchnerismo, aunque se trata de una versión que no se comprobó. Estela Kank, ex socia de Kank & Costilla, una de las constructoras que Lázaro Báez compró, aseguró en el programa Periodismo para Todos, en 2013, que Julio De Vido recibía coimas que los empresarios debían dejar en el botiquín del baño de su despacho del Ministerio de Economía y Obras Públicas de Santa Cruz. Teóricamente, eran del 5% del certificado de obra.

El año 2007 trajo a la escena pública otra manera de lidiar con dinero espurio, además de la bolsa de Miceli. Desde el 4 de agosto de ese año, Guido Alejandro Antonini Wilson quedó para siempre relacionado con un objeto, la valija. Ese día fue detenido con US$ 790.550 sin declarar en el aeroparque metropolitano. Era un vuelo privado fletado por Enarsa desde Venezuela; con Antonini viajaban cinco venezolanos y tres funcionarios cercanos a De Vido.

Según el FBI, el dinero que el venezolano traía en la valija tenía como fin el financiamiento de la campaña presidencial de Cristina Kirchner de 2007, en la que compartió la fórmula con el radical Julio Cobos.

El empresario Lázaro Báez, hoy detenido en la cárcel de Ezeiza, fue protagonista en 2014 de una trama que lo relacionó con la utilización de bóvedas para depositar sus millones, recurso que también se le atribuyó a la familia Kirchner.

Elisa Carrió dijo, en mayo de 2014, que Báez estaba reformando su casona en las afueras de Río Gallegos para transformar en una bodega lo que en realidad era un sótano con cofres que funcionaban como cajas de seguridad. El empresario invitó a la prensa a su propiedad y mostró una bodega reluciente. La denuncia en su contra se archivó, porque la Justicia consideró que el lugar era, efectivamente una bodega. Sin embargo, el dueño de Austral terminó tras las rejas por lavado de dinero un par de años más tarde.

El más reciente de los casos, el de José López, incluye traslado y escondite de fondos. El traslado, en bolsos, una forma muy extendida durante el kirchnerismo; el escondite, un lugar impensado, un monasterio olvidado en General Rodríguez, provincia de Buenos Aires. En la previa de toda esa movida que culminó con el ex secretario de Obras Públicas tras las rejas, un escondite en la casa de Tigre. Se trataba de un cuartito al que se accedía por escalera desde el dormitorio matrimonial y que, aparentemente, llevaba a los tanques de agua, pero en el que se halló un doble piso debajo de unos listones de madera flojos donde se ocultaron los bolsos.

Los bolsos con dinero tienen varios capítulos kirchneristas, aunque el caso de José López fue el más contundente. Leonardo Fariña se hizo famoso al confesar por televisión que el dinero que Lázaro Báez quería lavar se transportaba en bolsos y que, en lugar de contar la plata, era más simple y práctico pesarla.

Miriam Quiroga, le ex secretaria de Néstor Kirchner, también habló de bolsos. Dijo que Ricardo Jaime se los llevaba todos los días al ex presidente hasta la Casa Rosada, aunque admitió no saber si contenían dinero. Quiroga involucró en una operatoria similar al ex secretario presidencial Daniel Muñoz, hoy fallecido.

Ricardo Cirielli, ex subsecretario de Transporte Aeronáutico, dijo en declaraciones radiales el 6 de mayo de 2013, en sintonía con Quiroga, que “casi todas las noches Jaime se llevaba bolsos donde supuestamente había dinero”.

Las estrategias utilizadas por el kirchnerismo para ocultar plata sucia incluyen hechos comprobados y otros que no pasaron de la categoría de rumor. Casos como el de López alimentan las fantasías sobre otros lugares impensados para esconder la plata.

 

fuente LA NACIÒN

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