El presidente del Banco Central (BCRA), Federico Sturzenegger , sostuvo ayer que la “significativa desaceleración” que la inflación mostraría este mes “no provee los elementos suficientes para relajar la política monetaria”, es decir, para acelerar ritmo del ajuste a la baja que ensaya en las tasas de interés desde hace cuatro meses.

No se trató de una definición casual: llegó luego de que el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay , abriera la semana proclamando que la inflación “ya no era un tema”, tras festejar en una entrevista radial que el índice de agosto “será menor del 1%, el menor registro de los últimos 10 años”. Y aprovechó su disertación de apertura en el 21° Simposio Internacional de Economía, organizado por la Universidad Tel Aviv, para instalarla públicamente.

CONTRAPUNTOLas posturas dejaron a la vista, una vez más, las distintas visiones que conviven en el Gobierno sobre cómo rescatar a la economía de la recesión en la que se mantiene hundida y reavivaron una vieja interna que había tenido su punto más álgido a comienzos de marzo, cuando el BCRA debió apelar a una fuerte suba en las tasas de interés para frenar una inoportuna escalada alcista del dólar, con lo que -a criterio de Hacienda- postergó de un golpe toda posibilidad de reactivación porque no había actividad capaz de generar una renta similar.
En aquel entonces distintos economistas más orgánicos del oficialismo (Prat-Gay proviene de sus aliados de la Coalición Cívica) retrucaron cargando culpas sobre el ministro por la estrategia “gradualista” que había elegido para combatir el elevado déficit fiscal. Pero ayer Sturzenegger por las dudas aclaró que “el gradualismo fiscal que plantea el Gobierno no compromete la política monetaria”
El contrapunto obedece a la urgencia que comienza a ganar al Gobierno de cara al crucial test electoral de medio turno y a los temores a un posible brote de mal humor social tras haber instalado la idea de un segundo semestre más auspicioso que las estadísticas económicas se empeñan en desmentir con inusitada contundencia, por ahora.

Para el ministro, notoriamente desplazado de los primeros ensayos que el Gobierno realizó para testear posibles candidatos (como el reciente timbreo), lograr que la economía comience a mostrar un despegue pasó a ser central, incluso, para su supervivencia en el gabinete.

Es en esa dirección que juzga clave se relaje algo la política monetaria, especialmente en lo relacionado al costo del dinero, para recuperar el apalancamiento del crédito bancario, sobre todo, en lo que hace al financiamiento al consumo. Pero Sturzenegger, que viene de proclamarse días atrás como “único responsable” en la batalla contra la inflación en una ponencia en la Universidad de La Plata, el peor error sería considerar a “la caída de la inflación en un mes puntual” como definitiva.

“Un proceso de desinflación persistente necesita de varios meses para consolidarse como tal”, insistió ayer antes de advertir además que su capacidad para acelerar la baja de tasas está limitada “porque las expectativas de inflación para el año 2017 todavía se ubican por encima del rango deseable”, aludiendo a que aún rondan el 20% cuando la meta oficial es que se ubique entre el 12 y 17% anual.

Bajan el tono

La reactivación de la interna, y de manera pública, tuvo en violo ayer a la Casa Rosada, aunque desde allí intentaron bajarle los decibeles.

Después de todo si bien la tensión entre el ministro de Hacienda y el presidente del BCRA, así como la atomización de responsabilidades en el manejo de la economía, forma parte de la estrategia del gobierno del Presidente Mauricio Macri para mantener poderes rebalanceados, la mediatización de esta disputas lo incomoda.

“En general, el Presidente hace competir entre ellos a sus funcionarios para enriquecerse con las distintas posturas antes de decidir”, confió a LA NACION persona de su confianza que lo acompaña en la gestión hace casi 10 años. De hecho así como existe y se reactiva cada tanto la interna entre Prat-Gay y Sturzenegger en lo económico, también hay otra en el “ala política”, que cruza a Rogelio Frigerio y Emilio Monzó con el denominado “grupo de los CEO” que integran los integrantes de la Jefatura de Gabinete, Gustavo Lopetegui, Mario Quintana, junto al golpeado ministro de Eenrgía, Juan José Aranguren .

 

fuente LA NACIÒN

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