En una hora y media de reunión, el presidente del Episcopado, monseñor José María Arancedo, le planteó al jefe de Gabinete, Marcos Peña , y al ministro de Trabajo, Jorge Triaca , la necesidad de avanzar en una instancia de diálogo social con empresarios y sindicalistas, frente a un escenario fragmentado, que incluye amenazas de paro de los gremios.
El fruto del encuentro, realizado por la mañana en la sede del Episcopado, fue un comunicado conjunto, en el que la Iglesia y el Gobierno destacaron “el valor del diálogo y de los acuerdos entre los sectores de la producción y el trabajo”.

Frente al planteo de la Iglesia, el Gobierno comenzó a evaluar una posible convocatoria a empresarios y sindicatos, con vistas a un diálogo social.

La audiencia fue pedida hace dos semanas por el gobierno de Mauricio Macri , cuando se conocían los primeros datos de una inflación del 0% en agosto. Peña y Triaca se sentaron en las mismas sillas que hace una semana ocuparon los miembros del triunvirato de la CGT y presentaron a los obispos las políticas puestas en marcha en materia social. Concurrieron, para ello, con el secretario de Coordinación Interministerial de la Jefatura de Gabinete, Mario Quintana, y el director ejecutivo de la Anses, Emilio Basavilbaso. También estuvieron el secretario y el subsecretario de Culto, Santiago de Estrada y Alfredo Abriani.

Arancedo los recibió con el vicepresidente del Episcopado y arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario Poli, y el secretario general, monseñor Carlos Malfa, cuatro días después de que advirtiera en una entrevista con LA NACION que no basta con pedir prudencia a los sectores sociales y que resulta necesario avanzar en ofrecimientos concretos.
El encuentro se desarrolló en medio de fuertes reclamos de sectores gremiales, que pugnan por convocar a un paro general para octubre, aunque la medida de fuerza podría dilatarse si se concreta una reunión del presidente Macri con la conducción de la CGT.

Voceros del Episcopado indicaron a LA NACION que Peña y Triaca comentaron la preocupación por la pobreza y la desigualdad, y explicaron los programas que tienen en ejecución para mejorar la situación social.

Hace una semana, el propio Arancedo se reunió con la conducción de la CGT, a quienes les pidió que “agoten todas las instancias de diálogo antes de tomar medidas extremas”. Anteayer, además, recibió a legisladores del Movimiento Evita -los senadores Teresita Luna y Juan Manuel Abal Medina, y los diputados Remo Carlotto, Leonardo Grosso y Fernando Navarro, entre otros-, quienes le entregaron un proyecto de ley para declarar “la emergencia social y de las organizaciones de la economía popular”.

Fuentes del Gobierno confirmaron a LA NACION que el tema central de la reunión con los obispos fue el tránsito de la vía del diálogo con los sectores políticos y sociales.

Peña y Triaca destacaron la vocación de diálogo para “crecer en la cultura del encuentro”, confiaron fuentes eclesiásticas. Los funcionarios insistieron en que el Gobierno “mantiene abiertas las puertas del diálogo a los sindicatos y a los gobernadores”, y hubo un intercambio de miradas sobre la situación laboral con vistas al futuro.

En sintonía con lo expresado el domingo pasado en una entrevista con LA NACION, Arancedo explicó que no le corresponde a la Iglesia convocar a una mesa de diálogo, pero que si el Gobierno lo estima necesario la propia iglesia podría ofrecer un “espacio de encuentro”.

En el Episcopado aclararon que la situación dista mucho del escenario que rodeó la constitución de la Mesa del Diálogo, en medio de la profunda crisis de 2001, cuando prácticamente no había gobierno y la Iglesia ofreció un ámbito para salir de la emergencia. “Hoy la situación es distinta. Si bien todos coinciden en que el diálogo es una necesidad, hay un gobierno constituido y tampoco es esa la misión de la Iglesia”, reflexionó uno de los funcionarios presentes.

Frente a un escenario marcado por protestas y amenazas de paro, Arancedo dijo hace unos días a LA NACION que “no se puede hablar de un clima convulsionado. Desde ya que se debe repudiar todo lo que signifique violencia y atentado, pero hay reclamos que expresan necesidades y expectativas que tienen una base justa”.

También consideró importante “saber escuchar y discernir, para encontrar caminos de respuesta y superación”. Y estimó que “la patria necesita gestos de grandeza y solidaridad, especialmente de quienes más tienen y pueden para superar momentos difíciles”.

 

fuente LA NACIÒN

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