En la madrugada del lunes, después de la primera reunión pública en dos años y medio entre el Gobierno y la oposición de Venezuela, monseñor Claudio Maria Celli, mediador del Vaticano, pidió a las partes moderar el lenguaje del debate político. Pero la tregua duró solo 48 horas. En su programa de televisión, el presidente Nicolás Maduro cargó contra Voluntad Popular y el diputado Freddy Guevara, el líder de la formación en ausencia de los presos políticos y los cargos exiliados (Leopoldo López y Carlos Vecchio). “(Guevara) Es un cobarde. Él cree que la inmunidad parlamentaria le puede salvar de un carcelazo”, dijo el gobernante venezolano. Luego continuó su descarga calificando como terrorista a la organización y pidiéndole a los poderes públicos que actúen “frente a las amenazas que representa”. Voluntad Popular es el único de los partidos políticos que forman el llamado G4, que controlan la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que no se ha sumado al diálogo, argumentando que no existen condiciones.
Los otros tres son Acción Democrática, del presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup; Un Nuevo Tiempo, del excandidato presidencial Manuel Rosales; y Primero Justicia, del también exaspirante a la presidencia Henrique Capriles.

“Al agredir a Freddy Guevara y a Voluntad Popular el presidente agrede a la mesa de diálogo y se burla de la palabra del Papa Francisco”, escribió en Twitter el secretario general de la MUD, Jesús Torrealba. Estas expresiones de Maduro son vistas como una forma de ahondar las diferencias que existen sobre la convocatoria a diálogo entre la oposición, impulsada por tres expresidentes iberoamericanos (José Luis Rodríguez Zapatero, Martín Torrijos y Leonel Fernández) y el Vaticano, que ha utilizado todo su poder para sentar a las partes en conflicto.

Voluntad Popular es el único de los partidos políticos que no se ha sumado al diálogo argumentando que no existen condiciones

La postura de la organización liderada por López, sentenciado a 13 años y 9 meses de prisión por el inicio de las protestas callejeras del primer semestre de 2014, que desembocaron en 43 muertes, encuentra respaldo en sectores de la oposición que consideran que las decisiones de la MUD -aplazar la declaratoria de responsabilidad política de Maduro por desconocer la Constitución en la Asamblea Nacional y la marcha sobre el palacio de Miraflores prevista para este jueves- contribuyen a estabilizar a un Gobierno sitiado por la crisis económica y su baja popularidad.

En esa posición de no presentarse a la mesa de diálogo, que podría cambiar si la formación juzga que los gestos del Gobierno son satisfactorios, lo acompaña Vente Venezuela, la organización de la exdiputada María Corina Machado. En la mañana del martes, antes de la suspensión del juicio político y de la marcha, habían dicho con un juego de palabras: “Diálogo sí, pero no así”. Conocida la decisión de la MUD, Machado dijo a este periódico: “Creo que es un error porque con la agenda del Parlamento, un país unido en la calle y la presión internacional obligaría al Gobierno a una verdadera y genuina negociación. Es muy preocupante que después de la primera reunión todo se ha paralizado”.

La crisis de Venezuela es muy dinámica y cambia en cuestión de horas. Toda la oposición no está convencida de las recientes decisiones tomadas por la dirigencia de la MUD. Una parte de la opinión pública, que tiene mucho volumen en las redes sociales, sospecha que en las decisiones de la dirigencia de la MUD hay una disimulada negociación para oxigenar al régimen. La desconfianza ha terminado por crear inmensas dudas entre los mediadores y en parte de la comunidad internacional sobre la capacidad de la oposición de conducir a la nación sudamericana.

 

fuente EL PAÌS

Comments

comments