En la capital de los Estados Unidos hay información clasificada que le permitiría al fiscal federal Gerardo Pollicita profundizar los términos procesales que fundamentan la denuncia de Alberto Nisman, hallado muerto tras acusar de encubrimiento a Cristina Fernández, su excanciller Héctor Timerman y un puñado de esperpentos que trabajaban con la administración kirchnerista.

Para Nisman, la expresidente usó el Memorándum con Irán para encubrir a los responsables políticos y materiales del ataque terrorista en la AMIA quienes, a cambio, facilitarían un negocio formidable basado en el comercio de petróleo y granos.

Los movimientos de los funcionarios iraníes en la región son un objetivo de la inteligencia americana, que aporta información a la Casa Blanca para determinar el nivel de relación política y económica que une a los políticos locales con los representantes de la Revolución Islámica. La CIA y la NSA pusieron bajo exhaustiva vigilancia a Venezuela, Bolivia, Cuba, Brasil y Argentina por la cercanía que demostraban sus gobiernos y sus entornos con los movimientos económicos y geopolíticos que se empujaban desde Teherán.

Tras el objetivo de probar la denuncia de Nisman, Pollicita ahora tiene una ventaja. Donald Trump ubica a Irán como un blanco móvil, tiene una relación fluida con Benjamin Netanyahu y ha escuchado más de una vez los términos de la acusación formulada por Nisman. Este escenario permitiría a Pollicita acceder a información clasificada que está bajo custodia en Washington y que fue remitida a la CIA y la NSA desde Italia, Israel, Bolivia, Venezuela, Argentina y Uruguay.

Los datos secretos permitirían establecer que el eventual trade off del encubrimiento estaría vinculado a la energía nuclear más que a los granos y al petróleo, asumiendo que para al momento de las negociaciones del Memo, Irán aún expresaba públicamente sus intenciones de contar con misiles nucleares. Estas intenciones, podría confirmar Pollicita, fueron en su tiempo presentadas en Caracas cuando Nicolás Maduro era un simple actor de reparto de la denominada Revolución Bolivariana.

La información reservada con las necesidades de Irán circuló con velocidad hacia las principales capitales regionales y fueron comentadas por importantes ministros de países que integran Mercosur, Celac, Unasur y ALBA, organismos multilaterales que, en su momento, tenían fuertes diferencias con la perspectiva geopolítica de la Casa Blanca.

Explican en Washington que Pollicita debería entender el rol del Comando Sur y su peso en el diseño de políticas contra terroristas en la región. Además sugieren que el fiscal federal evite a los funcionarios de la inteligencia argentina que fueron contaminados por las operaciones de Antonio Jaime Stiuso, un alfil del gobierno kirchnerista que cruzó cuando se eliminaron los fondos para investigar la causa AMIA. Y en este contexto, opinan que la Casa Rosada debería hacer un planteo oficioso a la Casa Blanca para acceder a la información que fortalecería la hipótesis de Nisman.

Trump tiene compromisos políticos con la comunidad judía americana y es muy cercano al premier israelí Netanyahu, al punto que su yerno le cedió su cama para que durmiera una vez que visitó su casa familiar en New Jersey. Estos compromisos y cercanías ayudan al fiscal Pollicita y complican a CFK y su entorno político.

La información puede fluir y probar que las relaciones de Luis Ángel D’Elia, Fernando Luis Esteche, Jorge Alejandro Khalil con Irán no apuntaban únicamente a difundir la cultura shiita en la Argentina. Y que sus viajes a Teherán fueron monitoreados por Julio de Vido, Oscar Parrilli y Carlos Zannini, que intercambiaban información con Timerman.

Al final de la partida, está Cristina. Si Pollicita practica ajedrez, sabrá que la Dama juega hasta el final.

fuente INFOBAE

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