Si en lo que va del año las amenazas de medidas de fuerzas, por parte de los gremios, habían sido expresiones declarativas, acaso como instrumento de negociación, a partir de hoy esa metodología cambiará. Un plenario de secretarios generales de la Asociación Bancaria le pondrá fecha a un paro general nacional de 24 horas que se concretará avanzada la semana. En paralelo, mañana, a raíz de que vence la conciliación obligatoria por los 250 despedidos en la empresa tecnológica Bangho, la UOM marchará desde el Ministerio de Trabajo al de Producción para pedir su reincorporación.

Pero hay más. La CGT se reunirá también mañana con la CGERA (Confederación General Empresaria de la República Argentina) en busca de sumar apoyo de cara a la movilización que impulsa para el 7 de marzo. Esta institución cercana al kirchnerismo viene, desde 2016, manteniendo reuniones con la Central obrera para consensuar en reclamos. Por ejemplo, la idea de avanzar en una ley de defensa de la producción y el trabajo argentino, promovida por sectores empresarios Pyme y los trabajadores. Los números de la CGERA dan cuenta que “las pymes sufrieron el año pasado una caída en las ventas del orden de un 30% promedio; un aumento de las importaciones, de entre un 15% y un 25%; el alza de los costos de los insumos y una suba en las tarifas de los servicios públicos”.

Todos estos frentes abiertos en el arranque del año electoral se suman al conflicto docente: por una lado está el tema paritario de la principal negociación entre la provincia de Buenos Aires y los gremios. El Gobierno bonaerense oferta 18% pero le demandan 35% de suba salarial (ver más información en página 8). Además, el jueves se conformó un Frente Gremial Docente, integrado por los cinco gremiales nacionales, para exigir la convocatoria a la Paritaria Nacional Docente que fija el piso de negociación, algo que el Gobierno de Macri (y los gobernadores) resisten.

Este escenario de mayor presión gremial, que el Gobierno atribuye a un tema “político” más que “laboral”, tendría su clímax del primer trimestre a fines de marzo, para cuando la CGT tiene planeado llamar a un paro general, medida que fogonean también los movimientos sociales y las dos CTA. De hecho, el jueves pasado, Hugo Yasky y Pablo Micheli dijeron que respetan los tiempos de la CGT, “pero nosotros tenemos la obligación de responder a los trabajadores y convocaremos a un paro nacional”.

Desmenuzando los distintos frentes, el llamado al paro bancario viene madurando desde hace rato: el 23 de noviembre se había consensuado un acuerdo paritario que contemplaba ajustes a los sueldos de 2016 y ponía una base del 24% de suba salarial a la paritaria 2017. En resumidas cuentas, todas las cámaras bancarias pagaron lo del año pasado pero cuando se aprestaban a liquidar el primer aumento de este año en los haberes de enero, el Ministerio de Trabajo no homologó el acuerdo y todo se cayó. Los bancarios, de la mano de su titular Sergio Palazzo, judicializaron la cuestión. Presentaron un amparo: la Justicia les dio la razón e instó a los empresarios a pagar y a no interferir al Poder Ejecutivo Nacional. Pero trabajo apeló y La Bancaria pidió este viernes pasado que la Cámara “intime al pago bajo apercibimiento”.

El panorama en el sector industrial, en tanto, da cuenta -según los números de la UOM- que en 2016 hubo 9.000 despidos y 14.000 suspensiones en el sector metalúrgico. Esta cifra incluye a los rubros de calzado, gráficos, ceramistas, panaderos, carne, cuero y textiles y todos ellos estarán presentes el 7.

Obviamente movilizarán otros sindicatos que no son industriales como los docentes, por ejemplo. En cambio, los mecánicos de Smata, gremio que integra una línea disidente de la CGT no participarán. Es que el Gobierno presentó un acuerdo para producir un millón de vehículos nuevos por año, integrándoles 35% de partes nacionales y logró paz con este importante gremio.

El escenario sindical lo describió ayer el triunviro de la CGT Juan Carlos Schmid. En declaraciones a la agencia de noticias DyN, aseguró que “se ha agotado” el tiempo para el Gobierno nacional por lo que “tienen que aparecer los resultados” en materia económica. El líder del gremio de Dragado y Balizamiento, hombre de Hugo Moyano, agregó que “si a esto le sumamos que no hay cooperación del sector empresario, el cuadro es bastante tenso”. También habló de la falta de confianza que hay con el Ejecutivo por la falta de cumplimiento de no echar personal hasta marzo. Fue la razón por la que los sindicatos se corrieron de la Mesa de la Producción y el Trabajo.

fuente CLARÌN

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