El intento del presidente de Paraguay, el conservador Horacio Cartes, de reformar la Constitución para permitir la reelección y poder continuar en el poder después de 2018 ha acabado de forma inaudita, con un asalto al Congreso de un millar de manifestantes, muchos con las caras tapadas. Algunos llegaron a prender fuego al salón principal, sacaron ordenadores a la calle y arrancaron las placas con nombres de los senadores de las puertas de sus despachos y salieron a la calle con ellas en la mano. Fruto de la represión policial y los enfrentamientos se produjeron casi 30 heridos, con diversos cortes y uno con una pelota de goma en el ojo.

 

Manifestación en Asunción contra los planes reeleccionistas de Horacio Cartes, el 30 de marzo pasado. EFE

Los manifestantes estaban acompañados por legisladores del Partido Colorado y del Partido Liberal. La policía les disparó con pelotas de goma y el presidente del Partido Liberal, Efraín Alegre, que se opone a la reelección, fue herido en un hombro. Entre gritos de “dictadura nunca más” y “Cartes violador” la tensión creció hasta un nivel inaudito en los últimos años en Paraguay. Enfrente del Congreso la batalla campal con la policía duró horas y cada vez que pasaba un coche de la policía era apedreado por la gente concentrada en la zona.

Gran parte del oficialista Partido Colorado quiere que el presidente conservador Horacio Cartes, un exempresario tabacalero que está en el poder desde 2013, repita mandato en 2018. Del otro lado, el Frente Guasú (izquierda) quiere que Fernando Lugo, el exobispo y exmandatario que fue destituido en tiempo récord por el Congreso en 2012, vuelva a ser presidente. Todo muy previsibile, excepto por un detalle: el artículo 229 de la Constitución paraguaya, aprobada en 1992 tras el regreso a la democracia, dice que los cargos de presidente y vicepresidente son “improrrogables” y que “no podrán ser reelectos en ningún caso”. Esto ha llevado a una insólita alianza entre el oficialismo y sus enemigos de izquierda para impulsar una reforma constitucional que debe dirimir el Congreso.

El martes, una acalorada discusión en el recinto terminó a gritos en los pasillos del Palacio Legislativo de Asunción. Senadores de izquierda discutían entre ellos y conservadores del mismo Partido Colorado se divivían en dos facciones: oficialistas, que apoyan la reelección de Cartes, y disidentes, los que no. Todo ocurrió en un ambiente enrarecido. El Congreso había amanecido totalmente rodeado por policías: camiones lanza agua y centenares de antidisturbios impidieron el paso de la gente.El presidente de Paraguay, Horacio Cartes.

De pronto, sin previo aviso, 25 de los 45 senadores se reunieron en un despacho del Frente Guasú en el interior del Congreso con el presidente de la Cámara ausente y cambiaron con su voto cambiaron el reglamento interno del Senado. De esta forma, modificaron las atribuciones del presidente de la Cámara alta para que no pueda rechazar el proyecto de enmienda, una maniobra defendida por cartistas y luguistas que ahora permite la presentación del proyecto en cualquier momento. “Puede ser inmediato. En cualquier momento podemos tener que celebrar un referendo y hay campaña con Cartes y Lugo pidiendo el sí a la reforma constitucional”, dice a EL PAÍS el escritor y analista político paraguayo Alfredo Boccia.

La Presidencia y el Partido Colorado no se han manifestado públicamente sobre el tema, pero sus nuevos socios sí. El Frente Guasú consideró el cambio en el reg
lamento del Senado “un paso decisivo” para promover el referéndum constitucional que permita la reelección de todo expresidente”, según un comunicado difundido el 29 de marzo.

Los anticartistas del Partido Liberal, la segunda fuerza nacional detrás de los colorados, convocaron a una marcha para denunciar “un golpe de Estado”. “Es un golpe puro y duro. No estamos de acuerdo. Vemos que han engatusado a Lugo para hacer algo que es inconstitucional. ¿Cómo van a hacer una elección democrátic
a si violan los reglamentos de forma tan burda?”, dice el senador del Partido Liberal Luis Alberto Wagner. “Cartes dijo que no buscaría la reelección y hoy hace todo lo contrario. Así es como la inseguridad jurídica se transmite a todos los sectores, especialmente a los empresariales. Un daño terrible con 50 delegaciones del mundo en la asamblea del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Asunción”, dijo Wagner por teléfono, mientras ocupaba su banca en el S
enado por temor a que se celebrara otra sesión sin su presencia.

Un proyecto de enmienda de la Constitución ya fue tratado y rechazado en agosto de 2016. Algunos paraguayos se han movilizado para recolectar firmas en contra de este nuevo intento, pero es cierto que no hubo grandes manifetaciones públicas. La marcha realizada el jueves 30 reunió a no más de 3.000 personas.“Si un nuevo proyecto se aprobara en el Congreso aún tendríamos el referéndum y las encuestas muestran una gran mayoría del no”, aclaró Boccia. La reforma, con todo, avanza por los pasillo del Congreso y ha logrado lo imposible: unir a colorados y luguistas tras un objetivo común.

Fuente: elpais.es

 

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