Luego de que la Policía Científica terminó su trabajo en la casa de José León Suárez donde fue encontrado parte de un cuerpo, que podría ser de Araceli Fulles, habló Ricardo, el padre de la joven, y apuntó a la complicidad de un policía para dilatar la investigación del caso.

Pasada la 1 de la madrugada, Ricardo Fulles habló con periodistas y dijo que está a la espera del resultado de las pericias. Si bien con anterioridad algunos medios señalaron que un tatuaje confirmaba que el cuerpo era el de la joven desaparecida desde el 2 de abril, él sostuvo: “No tenemos ninguna novedad. La gente podrá decir lo que quiera pero recién mañana [por hoy] vamos a tener los resultados”.

El hombre resaltó las incongruencias que desde el principio observaron en la investigación del caso: “Todos sabían que había una persona, que él fue el último que estuvo con ella; la fiscal le tomó una declaración y lo mandó a la casa a tomar mate, y acá están las consecuencias”.

Se refería a Darío Oscar Badaracco, prófugo y principal sospechoso por la desaparición de Araceli, en cuya casa fue encontrado parte de un cuerpo.

“Vinieron con los perros y con los bomberos y, bueno, se encontró un cuerpo”, dijo Fulles, quien añadió que el operativo de ayer con los perros de búsqueda no fue una iniciativa de la policía, sino una insistencia de su hijo, dada la desconfianza que tuvieron desde la primera declaración como testigo de Badaracco en la causa.

En poco menos de tres minutos de declaraciones al canal TN, el padre de la joven desaparecida brindó el dato más llamativo, desconocido hasta el momento: el hermano de uno de los sospechosos detenidos, posibles cómplices del prófugo, es policía.

Pero no sólo es un agente policial. Además, trabaja en la comisaría 5ta. de Billinghurst, donde fue realizada la denuncia de la desaparición de Aracelli. “En todo momento sabían, el policía estaba en conocimiento de causa”, expresó Fulles.

Finalizando, dijo que no llegó a ver el cuerpo que por estas horas se analiza. “Está todo tapado en cemento”, concluyó.

fuente LA NACION

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