Empleados de la empresa avícola Cresta Roja cortaron ayer nuevamente parte de la autopista Jorge Newbery en reclamo de la reincorporación de 51 trabajadores despedidos la semana pasada. Esta tarde, se reunirán en el Ministerio de Trabajo para debatir sobre la conciliación obligatoria que se había dictado el viernes, luego de que se hicieron efectivas las desvinculaciones.

La situación reaviva el conflicto que afronta la empresa (que nunca reincorporó a 900 de los trabajadores despedidos durante el kirchnerismo) y que en su momento el presidente Mauricio Macri tomó como símbolo de la reactivación laboral. Los empleados despedidos ya adelantaron que llevarán a cabo otras medidas de fuerza si la reunión en Trabajo no les permite seguir trabajando mientras esté vigente la conciliación.

Hay dos versiones en torno al conflicto. La que dan los trabajadores es que fueron despedidos injustamente y en pos de generar una “flexibilización laboral”. Un grupo de empleados destituyó a la comisión interna (que responde a la Federación de Trabajadores de la Alimentación) porque no se sentían representados y luego, por asamblea, votaron nuevos delegados “de hecho”.

La mayoría de estos nuevos representantes fueron los despedidos la semana pasada. Además, denuncian que cuando fueron ayer a trabajar, las plantas de Esteban Echeverría estaban custodiadas por efectivos policiales, impidiéndoles el ingreso y violando así la conciliación obligatoria.

“La patronal incurrió en un lockout. Hoy los compañeros no pudieron entrar. El lugar estaba militarizado por efectivos”, denunció a LA NACION Martín Edat, uno de los trabajadores que aún reclaman su reincorporación, luego de que la empresa quebró, en 2015.

En tanto, en la empresa cuentan otra historia. Dicen que los despidos no responden a un motivo económico sino a situaciones de violencia que estos empleados generaban en el interior de la planta.

“Tomamos esta decisión porque se hizo inviable la convivencia con este grupo de gente. Ellos tomaron la planta por la fuerza, destituyeron a la comisión interna. Había una anarquía absoluta, ni dejaban entrar al dueño”, dijo a LA NACION una fuente de la compañía que prefirió mantenerse en el anonimato. Además, aseguró que las plantas no fueron cerradas, sino que los empleados las bloquearon.

Las partes se encontrarán hoy en la cartera que encabeza Jorge Triaca para discutir sobre los alcances de la conciliación obligatoria. Los trabajadores advirtieron sobre la posibilidad de “radicalizar las medidas de fuerza”. Se teme que la situación pueda desembocar en un conflicto similar al de PepsiCo, cuya planta fue ocupada por los trabajadores y luego, desalojada por orden judicial.

fuente LA NACION

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