Ya no es solo la Cristina buena, como la llamaba -y la elogiaba- Jaime Durán Barba en la campaña de 2011. Ahora es la remake de la Cristina buena: es la que no habla, la que tampoco deja hablar a sus candidatos -pueden dar fe Fernanda Vallejos, su primera candidata a diputada o el propio Daniel Scioli-, la que camina poco y exclusivamente en zonas de confort, cuidadas y sin periodistas a la vista. Más: si es necesario, a los periodistas se los encierra en un cuarto con TV para asegurarse de que ninguno pueda acercarse, como ocurrió días atrás en Lincoln. Es la Cristina que desconoce a actores clave de su paso por la presidencia, como Amado Boudou, o la que ni siquiera se atreve a defender a un ministro histórico como Julio De Vido. Es la Cristina versión 2017. Para la Casa Rosada representa un verdadero dolor de cabeza y el centro de todos las discusiones: esa Cristina les pelea cabeza a cabeza la elección en el principal distrito del país y podría hacer tambalear el relato de que la Argentina entró en un proceso de recuperación. Ya nadie se anima a descartar que podría ganar las primarias del 13 de agosto.

Es posible que también exista una idea de fomentar el miedo a un regreso con éxito para atraer a sectores que acompañaron al macrismo en 2015 por aquello del “voto útil” y que hoy exhiben cierta desilusión por el rumbo de la economía. Pero, como sea, no es un miedo sustentado sobre un escenario ficticio. Las encuestas propias del oficialismo y las que encarga la oposición hablan de que asoma una elección muy pareja. En la mesa de decisiones de María Eugenia Vidal advierten una contienda en la que “vamos a estar dos puntos arriba o dos puntos abajo” de la ex presidenta. “No hay que perder tiempo en responder si la polarización la buscamos o no nosotros. La polarización está en la gente”, suele decir la gobernadora. Esa estrategia ayudó a Mauricio Macri a ser presidente. ¿Ayudará también en las legislativas? ¿O será ahora Cristina el vehículo para expresar el descontento?

“Si ella llegara a ganar sería un gran retroceso. Nuestro modelo no se consolidaría con una derrota, no vendrían más inversiones de las que están viniendo. El mundo está expectante de las elecciones. Estuvimos aislados 12 años. Nadie está deseando hacerle favores a la Argentina”, reflexiona el Presidente en sus charlas privadas. Macri, sin embargo, sigue siendo optimista. “Vamos a ganar en octubre”, repite. En el universo oficialista ha comenzado a hablarse de octubre como el gran objetivo.

“Las PASO van a calibrar el comportamiento de la gente y confeccionarán un mapa de cómo está el país. La final es en octubre y la vamos a ganar”, explica Marcos Peña puertas para adentro. El jefe de Gabinete analizó ayer el rumbo de la campaña nacional junto a Emilio Monzó, Humberto Schiavoni, Fernando de Andreis y el radical José Corral. Los invitó a almorzar en su despacho. Antes de que se fueran les convidó dátiles.

En las charlas del macrismo existe cierto consenso de que el microclima que respira el “círculo rojo” no es el mismo que observan en las bajadas al Conurbano o el interior de la provincia. “Una cosa es que Cristina esté haciendo la campaña que tiene que hacer, y no podemos negar su eficacia, y otra que nos va a comer crudos. Los que piensan eso son los de siempre: los que decían que María Eugenia no podía ser gobernadora o los que nos presionaban para que cerremos un acuerdo con Massa porque era la única forma de que Mauricio fuera Presidente”, sostenían ayer en lo más alto del poder.

En la Casa Rosada creen que, más allá del resultado electoral, lo que esté en juego en las próximas elecciones no es la confrontación de dos modelos de país, como -dicen- busca instalar el kirchnerismo. “Ellos están peleando para garantizarse impunidad”, aclaran, y ponen la mira en el caso De Vido. A Macri cada tanto se lo recuerdan en sus excursiones, como el miércoles pasado, cuando fue de incógnito a un barrio de Lanús, a una zona de clase media baja con calles con pozos y casas sin terminar. Pasó a visitar a un matrimonio que se quedó sin trabajo y que empezó con un pequeño emprendimiento: confeccionan cuadros con luces de led. El auto blindado en el que se mueve Macri y la seguridad que se fue sumando llamó la atención de los vecinos. Cuando el Presidente salió tenía cerca de 30 personas esperándolo. Saludó y se sacó fotos con varios. Cuando se iba, uno de los vecinos le gritó: “Mauricio, metela presa”.

fuente CLARIN

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