El juez federal Claudio Bonadio intimó a la ex presidenta Cristina Kirchner y a su hija Florencia a pagar las expensas y los gastos de los inmuebles que ocupan. Pidió además que a Florencia se le advirtiera que si no paga los 43.979,05 pesos que debe a la administración del departamento de Constitución podrían iniciarle una acción de desalojo.

Cristina Kirchner ocupa el inmueble de Mascarello 441, Río Gallegos. Florencia, el departamento de San José 1111, unidad funcional 5, de la ciudad de Buenos Aires. Ambos son de propiedad de Los Sauces SA, una empresa de la que son accionistas la ex presidenta y sus dos hijos, pero que está intervenida judicialmente. Cristina y Florencia Kirchner tienen, según informaron en la causa, “comodatos de facto de plazo indeterminado” que les permiten vivir allí. En una resolución del 25 del actual, en la que le dio instrucciones al interventor sobre el destino de los bienes, Bonadio deslizó una advertencia: escribió que tiene pendiente “resolver sobre los vencimientos” de esos comodatos.

Antes de decidir, pide que ambas le acrediten “el cumplimiento del pago de los gastos ordinarios”. Bonadio podría después, con el fundamento de que no los pagaron, poner fin al préstamo, confirmó a LA NACION un funcionario que trabaja en la causa.

Ayer, quien hizo pública esta situación fue la defensa de los Kirchner. “Bonadio está pergeñando otra maldad”, dijo el abogado de la ex presidenta, Alberto Beraldi. “Amenaza con desalojar a Florencia Kirchner y a la señora de Kirchner de su casa en Río Gallegos.”

Beraldi dijo esto durante la audiencia que había pedido para solicitar la libertad de otro de sus clientes: Víctor Manzanares, el contador de los Kirchner que fue detenido por orden de Bonadio, que lo acusó de haber desviado fondos para eludir la intervención dispuesta sobre Los Sauces.

Manzanares, preso en Marcos Paz, declaró por videoconferencia en la audiencia, que encabezaron los camaristas Eduardo Freiler y Jorge Ballestero. Fuentes del tribunal dijeron ayer a LA NACION que decidirán si liberan al contador recién después del miércoles próximo, cuando se haya incorporado a la sala el camarista Leopoldo Bruglia. Ésta no es una buena señal para Manzanares. Si ambos camaristas hubieran estado de acuerdo ayer en que correspondía liberarlo, no hubieran pospuesto una semana la decisión; máxime después de que habilitaron la feria judicial para escucharlo.

La audiencia empezó a las 13.30. Sentados en torno a una mesa estaban los camaristas, la defensa y un secretario. Sobre otra mesita que tenían enfrente, se veía, en una gran pantalla de computadora, a Manzanares en Marcos Paz. Solo, de camisa celeste y suéter beige, sentado en una sala recubierta de planchas acústicas de gomaespuma. Dijo que estaba viviendo “una pesadilla”, que lo estaban tratando como a “un delincuente y un terrorista” y que no había cometido jamás un delito. Que estaba “muy orgulloso” de ser el contador de los Kirchner y que siempre trabajó “de lunes a lunes” en el estudio que fue de su padre.

Según Bonadio, Manzanares burló la intervención judicial cuando dispuso que una serie de alquileres sobre más de 20 inmuebles de propiedad de Máximo y Florencia Kirchner fueran depositados en una cuenta a nombre del ex vicegobernador Carlos Sancho.

Ayer, primero Manzanares y después Beraldi sostuvieron que esos inmuebles nada tienen que ver con esta causa, que los Kirchner los compraron antes de 2009 y que están alcanzados por los sobreseimientos dictados en favor de los ex presidentes en las causas que tuvieron por enriquecimiento ilícito. Que nunca se trató de esconder los alquileres, sino que se depositaron en la cuenta del único apoderado de Máximo y Florencia y que el condominio en el que están estos bienes heredados es muy anterior a la intervención. “Estuve en una celda, sin luz y con cadena y candado desde el lunes hasta el jueves. Soy una persona estoica. No soy Nelson Mandela, pero empecé a comprender lo que le tocó vivir”, dijo Manzanares. El contador se definió como “un laico comprometido”. Contó que seguía la doctrina social de la Iglesia, cantaba cantos gregorianos, rezaba el rosario y mientras estudió en Buenos Aires iba los sábados a la sede del Opus Dei. Afirmó que tuvo por clientes a los principales grupos económicos de Santa Cruz y que organizó un desfile de carrozas en su provincia.

fuente LA NACION

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