En el Senado todos lo saben: no es lo mismo ocupar un despacho en el Palacio del Congreso que en el anexo (conocido como “la caja”) o tener una oficina en la planta baja que en el primer piso. También importa la cantidad de metros cuadrados. Por eso, después de cada elección legislativa se desatan negociaciones -a veces arduas- por los despachos.

Tras meses de expectativa sobre quiénes serán los nuevos legisladores en Buenos Aires, madre de todas las batallas, Unidad Ciudadana (UC) quedó en segundo lugar en las elecciones del domingo último, por lo que la ex presidenta Cristina Kirchner asumirá el próximo 10 de diciembre como senadora por la minoría. Uno de sus próximos pasos obligados será gestionar el despacho que ocupará durante los próximos seis años.

La designación de oficinas en la Cámara alta no se guía por reglas escritas, sino por usos y costumbres. La Secretaría Administrativa es quien designa, pero sólo formalmente. En la práctica, actúa como ejecutora de las decisiones de los senadores. En general, los salientes “heredan” sus oficinas a los entrantes. “Ni siquiera los presidentes de los bloques inciden en la decisión. Los despachos se heredan por afinidad”, dijo un senador con mandato actual a LA NACION.

Más poder, más despachos

Un ex asesor de la oposición agregó que también juegan las presiones y los intercambios de favores, en muchos casos, cargos. De hecho, recordó una anécdota de cuando aún trabajaba en el Senado y Cristina Kirchner había sumado el cargo de primera dama al de senadora. “En 2003 la tucumana Delia Pinchetti (Fuerza Republicana) se preparaba para asumir una banca por Tucumán y la senadora Malvina Seguí, que llegaba al fin de su mandato ese año (por la misma provincia), le prometió su despacho. Días después le informó que había cambiado de opinión. Malvina le dijo a Delia que había sido presionada por Cristina, flamante Primera Dama [y senadora desde 2001], para que le cediera su despacho. A los pocos días, Malvina fue nombrada en el directorio del Banco Nación y Cristina desembarcó en el nuevo despacho en el Palacio. Lo que sí, mantuvo el que ya ocupaba en el anexo, para sus asesores”, recordó.

Las conversaciones empiezan después de las elecciones generales, aunque hay senadores que adelantan las gestiones y empiezan a negociar tiempo antes de la votación.

En ocasiones se producen disputas, aunque pocas salen a la luz. La más reciente tuvo como protagonista a Máximo Kirchner, cuando el presidente de la Cámara baja, Emilio Monzó, ordenó el año pasado una reubicación de los diputados “de acuerdo a los resultados electorales de octubre”. El conflicto duró semanas y hubo versiones de que los asesores de Máximo pasaron varias noches custodiando sus oficinas. Finalmente, las autoridades de Diputados informaron que el hijo de la ex presidenta mantendría su oficina.

El titular de la Secretaría Administrativa es, desde 2015, Helio Rebot, ex legislador porteño de Pro. En diálogo con LA NACION, el funcionario confirmó que hay una marcada preferencia por el Palacio, pero resaltó que los despachos del anexo son mejores: “Son más modernos, luminosos, cómodos. Incluso los baños son mejores en la caja, y ahí está el comedor. A nivel de los empleados es mejor, pero los senadores siguen prefiriendo estar en el Palacio, supongo que por una cuestión de comodidad, aunque los despachos sean más chicos y tengan más subdivisiones”.

Más allá del tema del despacho, la gran pregunta hoy es si el bloque del PJ permanecerá unido o se romperá cuando la ex mandataria asuma en la Cámara alta. Hace meses las relaciones están agrietadas. Su presidente, Miguel Ángel Pichetto, considera que la ex presidenta debería armar un bloque propio después de haberse escindido del peronismo para las PASO al crear Unidad Ciudadana (UC). Pero en la bancada hay un grupo fiel a Cristina que quiere abrazarla al calor de la bancada. “El que esté incómodo con Cristina que abandone el bloque”, dijo Marcelo Fuentes a LA NACION en agosto. Después de las elecciones y con la certeza de que Cristina ocupará una banca en el Senado, crece la expectativa sobre lo que pasará con el peronismo en la Cámara alta.

El despacho de Cristina

Cristina ocupó sendas bancas en el Senado durante tres períodos: 1995-1997; 2001-2005 (por Santa Cruz) y 2005-2007 (por Buenos Aires). Este año comenzaría su cuarto mandato y en el bloque del PJ varios dan por descontado que la ex presidenta ocupará el despacho 32 D, que dejó en 2007 cuando asumió en la Casa Rosada. Se trata de un conjunto de oficinas amplias y luminosas ubicadas en la esquina del tercer piso que da a Entre Ríos e Hipólito Yrigoyen, con vista a la Plaza de los dos Congresos. Hoy ocupa ese despacho la cuñada de Máximo Kirchner, Virginia García. Antes había sido designado a la senadora Alicia Kirchner (2005-2007). “Es considerado el despacho de la familia”, dijo un ex asesor de la oposición que trabajó en el Congreso entre 2003 y 2009.

Tanto en Unidad Ciudadana como en el entorno de la senadora García dijeron a LA NACION que hasta el momento no se evaluó cuál será el despacho que intentará Cristina que se le asigne. Y la Presidencia del Senado informó que aún no comenzó a discutir la nueva distribución.
Un ex senador que compartió bloque con Cristina recordó en diálogo con LA NACION que en 1995, cuando Cristina desembarcó en el Senado Nacional por primera vez, Felipe Ernesto Ludueña (PJ) le hizo un lugar en su despacho en el Palacio, uno de los más amplios y mejor ubicados del edificio. El senador por Santa Cruz había sido uno de los impulsores de la privatización de YPF, en 1992, y aún presidía la Comisión de Combustible; Cristina venía de la misma provincia por la misma fuerza y era la esposa del gobernador. Días después de la asunción, se le notificó a Ludueña que esa oficina había pasado a manos de la flamante senadora. En su lugar se le otorgó otra, con una ubicación peor, de la mano de enfrente de la avenida Rivadavia, en “la caja”, recordó.

Algunos senadores reniegan de las disputas por las oficinas. Otros las consideran una expresión de poder. “La guerra de los despachos es histórica. Yo nunca participé y nunca me importó”, dijo la ex senadora Vilma Ibarra, que tuvo mandato entre 2001 y 2007. “Cuando asumí, pregunté cuáles estaban disponibles y fui directamente y sin problemas al anexo”.

“El despacho sin dudas es importante”, sostuvo en cambio Augusto “Choclo” Alasino, senador durante más de 10 años (1992-2001) y ex presidente del bloque del PJ. “Los senadores de primera están en el Palacio y los que están en la Caja prefieren estar en el Palacio, esto es así hace años”.

Los senadores justicialistas Alasino -presidente del bloque- y Yoma, en sesión, en 1997; ese año, Cristina abandonó el PJ
Los senadores justicialistas Alasino -presidente del bloque- y Yoma, en sesión, en 1997; ese año, Cristina abandonó el PJ. Foto: Archivo
“Todo empezó con la reforma [de 1994], que sumó un senador por provincia. Desde entonces hay una clase A y una clase B”, dijo sin vueltas un senador con mandato actual que prefirió reservar su identidad. “Estar en el anexo es molesto si tenés que recibir a alguien o hacer una reunión. Estar en el Palacio es más cómodo, sobre todo los días de sesión. Cuando hay reunión de comisión, podés ir y venir a tu despacho. Pero no es sólo eso. En el Palacio es donde se cocina todo”, dijo.

De 30 a 300 m2

Los mejores despachos son ocupados en general por los presidentes de bloque, los senadores “históricos” y aquellos que tienen mayor relevancia política. Dos fuentes destacaron como ejemplo el caso del ex presidente Carlos Menem, que ocupa una banca hace 12 años. Su despacho es el más amplio y mejor ubicado: está en la planta baja del Palacio y mide 300 m2 (en general no superan los cien).

Sin embargo, en el Palacio también hay oficinas menores, de unos 30 m2, que los empleados llaman “cobachas”. Suelen ser asignadas a los senadores que tienen despacho en “la caja”, como sede cerca del recinto en los días de sesión. No tienen más que un escritorio y un sillón.

Una asesora que se desempeña en el primer piso del Palacio hace más de cinco años dijo a este medio: “Todavía nadie vino a medir los metros, pero la guerra despacheril es cruenta”.

Sin embargo, el Secretario Administrativo recordó que en 2015 “no hubo ningún inconveniente” y auguró que este diciembre la situación se mantendrá en paz, sobre todo teniendo en cuenta que el FPV tiene 41 senadores y podría caer a 29 bancas. “El Frente para la Victoria tiene buena cantidad de senadores y después de los porcentajes de estas elecciones, el número se va a reducir. Les van a sobrar despachos”.

fuente LA NACION

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