El apretón de manos entre el Gobierno y la CGT por el proyecto de ley de reforma laboral podría derivar en una inesperada reconfiguración del mapa sindical.

Quedarían, de un lado, la cúpula de la CGT como la interlocutora con la Casa Rosada y, en el otro extremo, se amontonarán gremios cegetistas díscolos, las dos CTA, el sindicalismo clasista que se identifica con la izquierda y los movimientos sociales.

Pero, sin dudas, el reacomodamiento de piezas más interesante se daría en la CGT, que el año próximo podría consensuar dar de baja el triunvirato e ir hacia un liderazgo de conducción única. Además, orgánicamente, buscará recuperar protagonismo político en el rearmado del PJ, excluyendo al kirchnerismo. Tallan en esa estrategia el sector de “los Gordos” y otros sindicalistas cercanos al macrismo, como Oscar Mangone, Antonio Cassia, el bastión de gremios que comulga con el taxista Omar Viviani y los ex laderos de Gerónimo Venegas en las 62 Organizaciones Peronistas, el histórico brazo político de la central obrera que hoy está desarticulado.

El sector dialoguista de la CGT, en el que están los gremios de mayor relevancia, trazó parte de su hoja de ruta política con el senador Miguel Ángel Pichetto y el gobernador tucumano, Juan Manzur. La liga de gobernadores prácticamente tercerizó en la CGT su postura legislativa sobre la reforma laboral. Se verá en unas semanas cuánto predicamento tienen realmente los mandatarios provinciales sobre sus legisladores.

El Gobierno echó a rodar un borrador de la reforma laboral con 145 artículos, entre los que se preveían grandes cambios a la legislación vigente, algo que no se había charlado previamente entre los negociadores. Derivó en una larga y tensa negociación con la CGT, que finalmente logró despejar los puntos más resistidos, que significaban una pérdida de derechos para el empleado.

En la negociación, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca , y el vicejefe de Gabinete Mario Quintana se ocuparon especialmente de consensuar el ítem que quizá más rechazo le generaba a Hugo Moyano , a quien el Presidente todavía considera un aliado. Se trata del artículo que fomentaba la tercerización en áreas como seguridad, higiene, informática y transporte. Se alcanzó una tregua al establecer que “el tercerizado” no puede percibir menos salario que el del convenio colectivo de la actividad principal y al limitarlo sólo al transporte de pasajeros, excluyendo el de cargas, ámbito específico de Moyano. Los abogados de camioneros celebraron la modificación.

En el Gobierno, sin embargo, no creen haber domesticado a los Moyano. Mauricio Macri mantiene su vínculo con Hugo Moyano, a quien privilegia a veces con charlas a solas. Pero nadie en el oficialismo sabe cómo tratar con Pablo, número dos en el escalafón jerárquico de los camioneros y a quien Cristina Kirchner le envió el martes pasado un guiño a través de las redes sociales.

Sin participación en las negociaciones con el Gobierno a pesar de ser el secretario gremial de la CGT, Pablo Moyano se mueve casi de manera autónoma en la central obrera. Insiste ante sus colegas en que desconfía de las políticas oficiales y cree que Macri “está al acecho de las conquistas laborales”. Para el triunvirato de mando, la postura de Pablo es “inflexible”. Pero lo que más incertidumbre genera es que lo asumen como un dirigente “impredecible”.

Desde hace meses, Pablo Moyano mantiene reuniones sectoriales en su despacho del tercer piso de Azopardo 802. Pasaron por allí dirigentes sociales, cooperativistas y hasta sindicalistas que fueron candidatos por el kirchnerismo en la última elección. Su última gran jugada fue ayer, al encabezar un acto en el mítico salón Felipe Vallese para cooperativistas, desde donde criticó el pacto que sellaron sus colegas con Triaca.

La estrategia de Pablo Moyano es avanzar en la construcción de una corriente similar al legendario Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA) que su padre lideró en los años de Carlos Menem presidente. Sería un frente con sesgo opositor que incluiría a gremios, organizaciones sociales y entidades empresarias afectadas por las políticas de la gestión de Macri.

No sorprendería ver al hijo rebelde de Moyano encabezar dentro de dos semanas una movilización callejera en contra del proyecto de reforma laboral. Coincidiría allí con los gremios de la Corriente Federal, los aeronáuticos, las dos CTA y dirigentes de izquierda con los que tiene buena relación, como el ferroviario Rubén Sobrero.

Mientras el rompecabezas sindical se acomoda tras el cimbronazo por los eventuales cambios en la legislación laboral, el jueves y el viernes próximos llegará desde Roma una imagen inédita: el papa Francisco participará de una cumbre mundial sindical en la que se prevé una foto con los líderes de la CGT y de las dos CTA. Simbolizará una unidad fugaz, de ocasión. Un nuevo rompecabezas sindical ya está en marcha.

Pablo Moyano, crítico y con respaldo eclesiástico

El dirigente camionero Pablo Moyano apuntó con dureza en la CGT contra la reforma laboral, con la compañía del arzobispo Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la Pontificia Academia de Ciencias, y del legislador porteño Gustavo Vera. El gremialista, que la semana pasada estuvo en el Vaticano, dijo que “no hubo un acuerdo” con el Gobierno y que el único logro fue “sacar los artículos que más complicaban a los trabajadores”. Sánchez Sorondo condenó el trabajo esclavo y pidió “que la indignación se manifieste públicamente”.

fuente LA NACION

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