“Que nadie se haga el distraído”. Las palabras del jefe de la bancada peronista del Senado , Miguel Pichetto (Río Negro), durante el cierre del debate de la reforma previsional pusieron una luz de alerta en el tablero político de la Cámara alta y una sombra de duda sobre la fortaleza de los acuerdos que el Gobierno cerró con los estamentos de poder del PJ en la oposición.

La onda expansiva del discurso de Pichetto no dejó a nadie en pie y puso al descubierto que las negociaciones del Gobierno con los gobernadores y con la CGT tienen más sombras que luces. Si hasta tuvo tiempo para realizar un mea culpa público, al admitir que al Senado le tocaba “la ingrata tarea de aprobar” una ley para rectificar la fórmula del cálculo de los haberes previsionales.

La interpelación a no hacerse los distraídos tuvo como primer blanco a sus compañeros de bancada, que decidieron no refrendar anteanoche con su voto lo que sus gobernadores firmaron en la Casa Rosada.

El caso más emblemático fue el de las kirchneristas de Santa Cruz, Virginia García y María Ester Labado, que se abstuvieron aun cuando Alicia Kirchner -muy a su pesar, hay que decirlo- terminó estampando su firma en el nuevo pacto fiscal.

“Todos sabían lo que firmaban, porque dentro del acuerdo estaba consignada la cláusula previsional”, dijo Pichetto, remarcándoles a sus compañeros de bloque que el sacrificio de la fórmula de actualización kirchnerista se hace en el altar del permanente reclamo de fondos de las provincias.

En su reparto de quejas, el líder de la mayoría opositora del Senado también dedicó varios párrafos al Gobierno y a sus representantes en el Senado, a los que acusó de manera clara y contundente de refugiarse en la estrategia de Jaime Durán Barba de negarse a dar malas noticias.

“El Gobierno tiene que explicar; que el jefe de Gabinete (Marcos Peña) explique, que el señor Basavilbaso (Emilio, director de la Anses) explique, que el ministro de Economía (Nicolás Dujovne) explique los temas que llevan adelante, que no traten de ningunear los temas porque, si no, la sociedad no sabe lo que pasa”, exigió el rionegrino.

En ese sentido, Pichetto cuestionó la Reparación Histórica macrista. Tras asegurar que mientras el Gobierno intenta ahora hacer una corrección presupuestaria cercana al 1% del gasto, destacó que la medida adoptada el año pasado significó un incremento de casi el doble (1,9%).

“Lo hicieron porque tienen problemas de culpa; como hacían el blanqueo, tuvieron que incorporar la reparación histórica”, analizó el senador, quien criticó la iniciativa porque no hizo más que reconocer planteos judiciales sin discriminar si tenían o no fundamento.

El malestar de Pichetto con el Gobierno viene de larga data, pero se agudizó en las últimas semanas como consecuencia de la falta de muñeca política demostrada en varios temas por Cambiemos.

El primer traspié fue la reforma del Ministerio Público Fiscal. Pensado para arrasar con el esquema que dejará Alejandra Gils Carbó, nadie del oficialismo estuvo para defender el proyecto cuando se discutió en comisión, razón que empujó al PJ a hundir la iniciativa.

La semana pasada, siguió el mismo camino la reforma laboral. Las críticas de Pablo Moyano, quien sugirió supuestos sobornos y tomó distancia de la CGT, que había acordado con el Gobierno la iniciativa, llevaron a Pichetto a mandar a vía muerta el proyecto, que, asegura, no volverá a discutirse hasta que la central obrera unifique su discurso. En el Gobierno todavía son optimistas de poder reflotarlo.

fuente LA NACION

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