MAR DEL PLATA.- En el frente de la Base Naval Mar del Plata hay 400 metros de alambrado perimetral tapizados de banderas argentinas, cartas y dibujos realizados por alumnos de escuelas y jardines de infantes, imágenes religiosas, restos de velas que iluminaron una oración y fotos de varios de los 44 tripulantes del submarino ARA San Juan. Un mes después de no saber qué fue de ellos, hay aquí quienes esperan y creen que volver a abrazarlos todavía es posible.

Desde esa fe, siempre huérfanos de certezas sobre el destino del buque y sus ocupantes, los familiares encabezarán hoy, a las 16, una nueva marcha para llevar un reclamo que pide apoyo popular: que el rastrillaje en alta mar no se detenga, que desde las cámaras legislativas se investigue qué fue lo que pasó y, además, que el Estado aporte medios necesarios para que buques pesqueros puedan colaborar de manera voluntaria en este operativo.

Aguardan que, así como ocurrió en los primeros días con expresiones de solidaridad, los marplatenses acompañen desde allí con esta caminata hasta la Catedral y posterior concentración en la céntrica Plaza Colón.

Reunidos en el salón comedor de la Casa de Jefes de la unidad militar de Playa Grande, esposas, padres, hermanos e, incluso, hijos de los tripulantes comparten a diario los informes de las autoridades locales. Los últimos se han limitado ya a la lectura de una gacetilla equivalente al parte que se brinda en la sede metropolitana de la Armada Argentina. Ayer, casi no hubo preguntas. “¿El próximo es mañana al mediodía?”, fue la primera y sencilla inquietud que surgió ante la escasez de novedades.

Esa coincidencia en un mismo espacio físico no refleja las diferencias que hace tiempo asomaron entre las familias. Hay un grupo, que encabezará la movilización, que piensa que es factible que al menos uno de los tripulantes pueda estar con vida. Y por eso sale a los medios y abre el juego ante legisladores para que el operativo no se diluya. “Respetamos a todos, pero no nos vamos a quedar calladas”, dijo anoche a la nacion una familiar directa de un suboficial que zarpó en el ARA San Juan.

Lejos, y también ausentes de estas citas diarias, se mantienen los que entendieron hace más de dos semanas que era momento de iniciar el duelo. Y más allá de lo que piensan, otro grupo dice presente pero se contagia silencio. Unos porque tienen tradición en la fuerza y lejos están de la crítica. Otros por una simple cuestión de carácter: ante la presencia de los uniformes les cuesta cuestionar y hasta preguntar.

Ayer, los familiares se retiraron desilusionados. Supieron que apenas cuatro buques están en zona de rastrillaje, aunque les garantizaron que la búsqueda no se detendrá. Varios de ellos llegaron desde sus provincias de origen y están dispuestos a continuar aquí hasta que alguien les dé una pista firme del submarino. La espera parece eterna. Su fe, conmovedora.

fuente LA NACION

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