Una carta natal es un mapa simbólico con una información muy valiosa sobre nosotros mismos y sobre el momento en el que nacimos. Nos permite tener una gran comprensión de cuáles son nuestras potencialidades y qué cosas necesitamos trascender.

Sabiendo que energías tenemos a disposición, es más sencillo experimentar la vida de una forma más consciente y mejorar los vínculos con quienes nos rodean.

Lejos de ser autojustificación, profecía autorrealizada y predicción, nuestra carta natal es un punto de partida maravilloso que profundiza sus significados a medida que vamos conectándonos con ella.

También es cierto que hay mucho prejuicio basado en el desconocimiento y en la explosión del Marketing astrológico en las redes sociales. Ahí, florecen divulgadores muy hábiles que tratan de convencernos de cualquier cosa: si la Luna está en Leo vamos a pasar un fin de semana divertido; si Venus entró en Piscis, conoceremos a nuestra alma gemela y que, si Urano se puso directo, iremos corriendo a la peluquería a hacernos un fashion emergency radical. Por favor!!

Si bien es cierto que hay un clima energético simbolizado en el cielo que nos afecta como humanidad, estas predicciones irresponsables aportan a una confusión mayor.

Por eso, me pareció interesante, desandar ciertos falsos conceptos y compartir algunas consideraciones que a mí y a muchas personas nos ayudan a transitar de forma más consciente esta vida.

La Astrología no tienen nada que ver con la adivinación.

“ Una carta natal es un mapa que simboliza cómo estaba el cielo del momento que nacimos. En sincronía con ese cielo, fuimos impregnados de una energía determinada que nos otorga potenciales, complejidades y experiencias que vamos a vivir durante el tiempo que estemos aquí”. De esta forma lo explica muy bien, Laura Pinery, astróloga con orientación arquetipal y fundadora de Casa Uroboros.

“La carta es una guía que nos ayuda a encontrarnos, a redescubrirnos y lejos de la predestinación, nos aporta la posibilidad de comprender también con qué recursos contamos”, agrega.

Tampoco tiene nada que ver con el Horóscopo.

“Ser de un signo” nos describe de la misma forma que ser argentino, español, holandés, youtuber o skater. No todos los argentinos, ni los belgas, ni los católicos, ni los de Boca, o los vegetarianos somos iguales, pero tenemos características y formas comunes. El signo solar le otorga ciertas cualidades a nuestro ser, pero no nos define por completo ni nos obliga a experimentar esa energía de la misma forma.

Además de nuestro signo solar, que habla también de nuestra esencia, tenemos un ascendente que nos tiñe la personalidad, la forma en que nos accionamos en el mundo externo. Uno puede conocer cuál es el propio a partir de la hora en que nació (esta información se puede buscar en la partida de nacimiento y si no se conoce, un astrólogo lo puede calcular en base a los acontecimientos principales de la vida).

La Luna

También tenemos una Luna, que se ubica en un signo determinado y en una Casa. Simboliza la forma en la que expresamos nuestras emociones, cómo nos comportamos cuando necesitamos refugio, nuestras pautas regresivas, cómo fuimos influenciados por la relación con nuestra madre, etc. En la carta de un país, por ejemplo, la Luna simboliza al Pueblo.

No hay dos cartas iguales. Por mas que tengamos coincidencias energéticas en nuestro sol, luna o ascendente con otra persona, no lo viviremos de la misma forma. Cada carta es única, como así lo es el destino de todos nosotros, porque este mapa se va llenando de sentido también a partir de nuestras experiencias, decisiones y de nuestro grado de conciencia para vivir cada potencial que traemos.

Algunos planetas influyen generaciones enteras.

Una carta natal se divide en 12 casas. Cada una de ellas representa un área de nuestra vida. Dependiendo de cómo se relacionen estos planetas y estas casas, tendremos determinados potenciales y ciertas cosas a trascender.

Cada vez que cumplimos años y el sol vuelve a estar en el mismo lugar (en el mismo grado) del día que nacimos, un nuevo ciclo, con otros aprendizajes vuelve a comenzar. Esto se llama Revolución Solar y es cuando realmente empieza nuestro año y una nueva aventura de descubrimientos.

Hay años en los que estaremos más propensos a dedicarnos al trabajo, otros dónde nuestro foco estará en la pareja, períodos de mayor introspección, impulsos irrefrenables a viajar, etc.

Para muchos de nosotros, conectar con la carta natal, es la posibilidad de darle sentido a ciertas partes de uno mismo, a las emociones negadas, a las experiencias que no podemos terminar de aceptar, a las personas con las que elegimos compartir. Nos trae comprensión, y cuando comprendemos, todo tiene un sentido.

Es una forma de contactarnos con los potenciales con los que nacimos, con la sombra, con aquello que vinimos a trabajar y a sanar. Nos orienta sobre nuestro propósito, nuestra misión y los dones que se nos han concedido.

Conocer el lenguaje astrológico y a su infinito despliegue simbólico como una herramienta de autoconocimiento es de las mejores cosas que me han pasado en estas décadas. A medida que uno va descubriéndose y redescubriéndose, la vida va adquiriendo nuevas dimensiones.

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