A las 10 en punto, Mauricio Macri y Donald Trump protagonizarán una cumbre telefónica para ratificar el apoyo de Estados Unidos al programa económico gradual que ejecuta la Casa Rosada. Trump no solo asumió el gesto de promover la llamada de larga distancia con Macri, sino que además desplegó una ofensiva diplomática para evitar que el Fondo Monetario Internacional (FMI) condicione al extremo las reformas que debe aceptar la Argentina para obtener un crédito Stand By.

La comunicación entre ambos presidentes iniciará cuando abran los mercados en Buenos Aires y será una prueba clave para determinar la fortaleza del plan económico. Si el dólar sube y es necesaria la intervención del Banco Central, ni la mediación de Trump habrá servido en la coyuntura para convencer sobre la eficacia del gradualismo y la capacidad del gabinete para resolver la crisis financiera.

Trump tiene una negociación abierta con la Unión Europea por las trabas arancelarias que impuso a las importaciones de acero y aluminio, se alista para una negociación con Corea del Norte, acaba de enterrar el acuerdo de Irán, presiona a Canadá y México para modificar la ecuación económica del Nafta y enfrenta una ofensiva judicial y parlamentaria vinculada a sus opacas relaciones con Rusia y sus recurrentes mentiras en la campaña presidencial.

Como se observa, el presidente americano tiene una agenda compleja que excede la importancia geopolítica de la Argentina en el concierto mundial. Pero Trump considera a Macri un aliado estratégico y jugará su influencia global para sostener el programa económico del gobierno. Y esa influencia ya se observa en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en las señales de respaldo que se envían desde Washington a Wall Street.

El apoyo de la Casa Blanca fue seguido por Japón, Italia, China, España, Chile, el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco de Desarrollo de America Latina (CAF). Este volumen político y financiero debió haber frenado la suba del dólar y la caída de las reservas del Banco Central (BCRA). Pero no alcanzó: hay desconfianza sobre el gobierno de Macri y su capacidad para resolver la crisis financiera.

Entonces, la conversación telefónica entre Macri y Trump puede servir para recuperar confianza política o para desnudar una crisis de opinión pública que es más profunda que lo asumido en la intimidad de Balcarce 50. En las actuales circunstancias, al margen del comunicado oficial ratificando que Estados Unidos apoya a la Argentina, sería importante una señal financiera enviada desde Washington. Ya se sabe que el FMI será cauto con la profundidad de sus condicionamientos, pero eso no alcanza para frenar la suba del dólar y la cesión de reservas. En 1995, México hacía agua y Bill Clinton salió a su rescate. Esa decisión política evitó un efecto dominó en la región y los mercados lentamente recuperaron la vertical. Macri aún no decidió si avanza en esta dirección, aunque se sabe que los equipos técnicos trabajaron en esta posibilidad antes de acudir al FMI.

Mientras tanto, los ministros Nicolás Dujovne y Luis Caputo preparan un borrador de propuesta que será discutido en los cuarteles del Fondo en Washington. Ese borrador viajará esta semana a DC y se aguarda una compleja negociación con la burocracia del FMI. De todas maneras, Estados Unidos, Japón y China son socios mayoritarios del Fondo y su decisión política es acompañar el plan económico gradual de Macri. Esto no significa que no habrá condicionamientos ni presiones institucionales. El Fondo tiene un código genético que es impasible al charme de Christine Lagarde.

Si no hay cambio de planes, Macri escuchará a Trump en su despacho de la Casa Rosada. Y a pocas cuadras de ahí, los operadores financieros y los ahorristas al menudeo decidirán si la llamada del presidente americano es una buena señal para confiar en el plan económico y en el gabinete nacional. Final abierto.

fuente INFOBAE

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