Superada la peor parte de la tormenta cambiaria, la incógnita es cómo sigue el plan económico gradual que venía aplicando el Gobierno. En diálogo con LA NACION, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne , analizó: “El gradualismo es hijo del pragmatismo. Si las condiciones internacionales cambian, debemos cambiar”.

-¿Ya pasó la tormenta?

-No lo vemos como una tormenta. Vemos un proceso que empezó hace más de un mes, con la apreciación del dólar contra el resto de las monedas, especialmente de países emergentes, donde la Argentina -por su necesidad de acceso al mercado de capitales internacionales- está más expuesta a lo que ocurre allí, y esa volatilidad le pegó más al peso. Siempre vimos el fenómeno muy circunscripto al mercado cambiario; de hecho, pasó un período de volatilidad y los bonos de la Argentina seguían rindiendo por debajo del 8%.

-¿Por qué se hizo una bola que parecía imposible de sobrellevar?

-Nosotros siempre estuvimos muy tranquilos con la licitación de Lebac del martes. Ya hemos tenido otros “supermartes” y sabíamos que dos tercios de las Lebac no estaban en juego, ya que un tercio corresponde a entes estatales y otro tercio era de los bancos, cuyo activo líquido son las Lebac y no tienen otro lugar adonde ir. El tercio restante se iba a ver atraído por las altas tasas.

-¿Y respecto de la ida al Fondo?

-Creo que se armó un clima de angustia en la sociedad porque ir al Fondo trae el recuerdo de otras épocas en las que se acudía en otras condiciones. Ahora estamos iniciando conversaciones en un programa en el cual ya tenemos un camino hacia la convergencia fiscal, con tipo de cambio flotante, un proceso gradual de integración al mundo y un plan de reformas estructurales. Vamos con el mismo programa que estamos implementando, no para destapar una olla a presión. Lo hacemos de manera responsable ante el cambio de la situación internacional, donde la perspectiva es que las tasas en Estados Unidos sigan subiendo, y como la Argentina recae mucho en el crédito externo, la queremos proteger, en el marco de un crecimiento que lleva siete trimestres, con aumento del empleo, aumento de la inversión, baja de la pobreza y del desempleo.

-¿No hubiera sido mejor dejar flotar el tipo de cambio hasta $25, como advertían varios analistas y terminó ocurriendo, sin recurrir al FMI?

-El contrafáctico es difícil de saber. De hecho, ya tenemos el respaldo de una negociación con el Fondo que nos va a permitir estar muy poco expuestos a los mercados internacionales durante los próximos dos años. Es bueno que haya quedado acotado a una cuestión cambiaria y que no haya afectado el crédito argentino. Y lo mejor para demostrarlo es que la Argentina logró el mismo martes colocar bonos en pesos por US$3000 millones a tasa fija a 5 y 8 años.

-¿Alcanza el programa con el cual van al Fondo o les puede pedir más ajustes?

-No hemos negociado aún. Eso sucederá una vez que el board apruebe mañana [por hoy] el inicio de las negociaciones con la Argentina. Hasta entonces, tuvimos conversaciones informales y se trabaja para homogeneizar los números. Nosotros ya habíamos tomado la decisión de ir más rápido hacia la convergencia fiscal.

-¿Cómo queda el gradualismo en este nuevo contexto?

-Hay algo más importante que el gradualismo. Esta gestión tiene un programa muy definido. Y el gradualismo es hijo de algo superior, que es el pragmatismo. Este es un gobierno pragmático que vio que en 2016, habiendo heredado desequilibrios, sabiendo del costo social de remover los controles de capitales y dejar flotar la moneda, era muy difícil avanzar rápido con lo fiscal hasta que no se restableciera el crecimiento. En 2017, con la economía creciendo, hicimos una baja del gasto público consolidado de 2 puntos del PBI y este año va a ser de casi 2,5 puntos. Y ahora que cambia el escenario internacional, cambiamos nuestras metas fiscales y nos adaptamos. No hay un dogma que nos impida movernos: si las condiciones internacionales cambian, debemos cambiar para seguir obteniendo resultados.

-A mucha gente pasar a un dólar a $25 le generó miedo, y para el que tiene un crédito, una gran diferencia en el valor. ¿Hay que quedarse tranquilos o puede seguir la devaluación?

-En la medida en que demos certidumbre sobre el programa, sin duda que vamos a ver menos volatilidad en el mercado. La Argentina se ha integrado al mundo y eso tiene beneficios. Ahora, esto hace también que el peso sea una moneda integrada al mundo, por lo que no está exenta de los vaivenes que tienen el resto de las divisas. El desafío, cuando uno tiene tipo de cambio flotante, es que el peso sirva para amortiguar los shocks externos, pero que la volatilidad interna no nos genere más volatilidad cambiaria.

-¿A qué se refiere?

-Acá hubo una serie de eventos que colaboraron con eso, como el ruido político del proyecto para congelar las tarifas. En la medida en que toda la sociedad y la política adopten una decisión responsable, vamos a poder ir dando más señales de estabilidad en lo cambiario. Pero no es solo lo que hace el Gobierno: también lo que hace la oposición. Al mismo tiempo, dimos a conocer los números fiscales de abril, con crecimiento de recursos del 21% y gastos del 14%, en un mes en el que la inflación interanual era del 25%. O sea, con una caída del gasto del 11% en términos reales. Para los que dicen que en lo fiscal vamos despacio, la verdad que bajas del gasto como la que vemos ahora no ocurrieron en la historia contemporánea argentina salvo en episodios de crisis y licuaciones, que no es este caso.

-¿Cómo será el programa de desembolso del dinero del FMI?

-El programa va a ser un stand-by de acceso elevado, cuya cifra aún no se conoce y cuyo desembolso o no depende de la Argentina, porque una vez que se acuerda el monto los fondos están disponibles. Una parte puede estar al comienzo, otra de manera escalonada, y si no se necesitan, no se usan.

-¿Con las metas pasa lo mismo?

-Los programas stand-by tienen metas cuantitativas en lo fiscal, pero no tenemos problemas con eso, porque ya tenemos metas trimestrales en nuestro plan y estamos sobrecumpliéndolas. La Argentina va al Fondo con total propiedad sobre el programa que lleva a la mesa.

-Pero suponiendo que el Fondo pidiera más recorte, ¿por dónde pasaría el nuevo ajuste?

-No nos podemos anticipar. Ya tenemos una decisión de acelerar la convergencia hacia el equilibrio; no sabemos cuál es la visión del Fondo acerca del ritmo. Así como modificamos del 3,2% al 2,7% este año, vamos a ver cómo nos adaptamos en adelante.

-¿Cuánto dolió el “fuego amigo” de Melconian, Prat-Gay, Carrió?

-No hay que enojarse. Obviamente, desde afuera es más fácil. En el caso de Alfonso [Prat-Gay] me llama la atención porque él fue un gran impulsor del gradualismo y, de hecho, en 2016 el gasto no bajó, sino que empezó a bajar en 2017. Si uno defiende el gradualismo, tiene que saber que un plan B, salvo que quiera volver a emitir dinero para financiar el déficit, era usar los recursos disponibles, como el Fondo. Hay que escuchar las críticas, no tenemos problema con eso.

-¿Por qué cuesta tanto bajar la inflación?

-Porque estamos haciendo muchas cosas a la vez, como normalizar los precios de los servicios públicos y recomponer las reservas del Banco Central. Creo que tuvimos un problema con las metas iniciales: si hubiéramos tenido metas más realistas, hoy el cuestionamiento político a la inflación sería mucho menor. Nos pusimos objetivos muy ambiciosos que, en cierta medida, nos generan la crítica. Pero está claro que, lentamente, la inflación irá bajando, y esta vez sin atajos.

-Pero la inflación núcleo no baja, ¿no le preocupa?

-Por supuesto. Claramente quisiéramos tener una inflación núcleo más baja; esperamos que vaya bajando en los próximos meses. Cada vez que subimos [precios] regulados, se nos contamina la núcleo. Lo vamos a volver a ver este año. No tenemos que flaquear en la lucha contra la inflación.

-¿Cuánto se verá afectado el nivel de actividad?

-Acá la clave era evitar una crisis. Era el objetivo primordial, y eso se logró: se evitó la crisis entre el uso del tipo de cambio flexible y la asistencia extraordinaria del FMI, no hay espacio para una crisis de ninguna manera. Ahora, sabiendo que las crisis son las que generan aumentos en la pobreza y saltos disruptivos de los que es difícil recuperarse, es evidente que tasas de interés al 40% o un tipo de cambio real más depreciado impactan algo sobre el nivel de actividad y en la inflación. Sería necio negarlo. La pregunta es dónde nos vamos a estacionar después de esto y cuán rápido. En la medida en que este episodio sea lo más corto posible, menor va a ser el impacto. Pero la economía va a crecer este año.

-¿Hace alguna autocrítica?

-Nosotros trabajamos con el diario del viernes, no con el del lunes. Es distinto estar en la trinchera que mirar de afuera. Desde afuera las cosas siempre se pueden hacer mejor. Con el diario del viernes, se justificaba esperar unos días para ver. Y creo que nuestra decisión de ir rápido al Fondo, cuando vimos que el mundo se ponía más volátil, fue lo más adecuado. No nos preocupa lo que nos digan,

-¿Qué opina de la autocrítica que hizo el Presidente?

-Este es un gobierno que siempre ha escuchado y estuvo dispuesto a rectificar cada vez que se equivocó. Después de la soberbia kirchnerista, en la que todo estaba bien, teníamos menos pobres que Alemania y la inflación era del 8% anual, tener como presidente a alguien que humildemente reconoce determinados errores, que no son de él sino de su equipo, marca un contraste que los argentinos debemos valorar.

-Dentro de un mes se vuelve a repetir una situación como la del martes, ¿qué lo haría distinto?

-Entonces probablemente estemos cerca de tener un acuerdo con el Fondo y esté claro que la Argentina depende muchísimo menos de los mercados. Vamos a tener una posición más fuerte en términos de financiamiento, que era antes un eslabón más frágil de la Argentina.

fuente LA NACION

Comments

comments