Rodeado de empresarios, el jefe de Gabinete Marcos Peña paseó otra vez por el hotel Alvear su optimismo a prueba de tormentas financieras y ruidos políticos. “Nuestras dificultades son todas autoimpuestas”, dijo Peña en un almuerzo convocado por la Fundación Mediterránea, en la que les pidió a los hombres de negocios que “aporten ideas y nos digan en qué podemos mejorar” pero que, por sobre todo, apoyen “el rumbo elegido, que es el único posible” para generar “empleo privado de calidad” en el país.

Sonriente, Peña llegó minutos antes de las 13, acompañado por el subsecretario de Medios, Gustavo Gómez Repetto. Se sentó en la mesa principal con empresarios como Cristiano Ratazzi (Fiat) Eduardo Eurnekian (Aeropuertos Argentinos), Gonzalo Vendomar (Banco Francés), y dirigentes de la fundación de la que Domingo Cavallo fue economista jefe, como Pia Astori y Marcos Brito.

Para el Gobierno, la negociación fracasó por la interna sindical
Luego de degustar las láminas de salmón ahumado con maracuyá, el “cerebro” del Gobierno defendió durante veinte minutos el modelo gradualista, al tiempo que prefirió minimizar las dificultades financieras y los inminentes paros y medidas de fuerza motorizadas por Hugo Moyano y la CGT para los próximos días y semanas. Luego contestó preguntas.

“En el sindicalismo hay contradicciones, pero en la CGT hay mucha vocación de diálogo”, dijo Peña en el momento de las consultas, cuando uno de los comensales le preguntó “hasta cuándo” la central obrera iba a “trabar la economía” con paros y manifestaciones. “La puerta está abierta y la mesa servida para dialogar mañana mismo”, dijo Peña, un día antes del paro de Camioneros, aunque disparó enseguida un dardo contra el antiguo aliado de Macri y Pro. “A veces, a algunos se les mezcla lo reivindicativo con la agenda personal y los problemas en Tribunales, aunque en la Argentina no hay más lugar para la extorsión y el apriete”, disparó el jefe de Gabinete, en acaso el único momento en el que se permitió una crítica personalizada a algún opositor.

El resto del tiempo fue utilizada para socializar su “optimismo” por la marcha de la economía y la posibilidad de acordar políticas “de futuro” con la oposición peronista. “En octubre pasado la sociedad les mostró a los escépticos que quería ratificar el rumbo del cambio, y hemos logrado avanzar mucho en estos dos años y medio”, dijo Peña. Y enumeró lo que consideró avances en la “separación de poderes”, en “una Justicia que se reforma”, en “libertad de expresión y prensa”, y hasta en el debate que a esa hora se daba en el Congreso por la despenalización del aborto. “Cuando se alimenta la esperanza y no el cinismo, la respuesta es positiva. El proceso de cambio no tiene vuelta atrás”, afirmó, y también elogió el diálogo con los gobernadores de cara al próximo presupuesto.

En el terreno económico, Peña reconoció que las metas iniciales de inflación fueron “desmedidamente ambiciosas”, pero aclaró que con el FMI hay un acuerdo para “cuidar el crecimiento” más allá de los ajustes que se aconsejan desde el organismo multilateral junto con el préstamo de US$50.000 millones otorgados al país.

“Lo que dijo Peña está muy bien, apeló a que la sociedad lo deje gobernar. Si todos los días hay que votar de nuevo es un problema”, dijo Eurnekian a LA NACION a modo de apoyo. Peña ya estaba en camino hacia la quinta de Olivos.

El jefe de Gabinete difundió un mensaje optimista ante un centenar de empresarios. Se negó a condenar a la CGT y pidió “tiempo para que se vean los frutos del cambio” en el país.

fuente LA NACION

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