POR Federico Trabucci
El 17 de junio de 2018 quedará por siempre marcado como el día en el que México transformó el Estadio de Luzhnikí de Moscú en el mítico Azteca del DF. Una tarde de verano moscovita en la que los jugadores dieron una tremenda sorpresa en el Mundial de Rusia al derrotar a Alemania, vigente campeón del torneo.

México fue el sexto país que más entradas compró para esta Copa del Mundo (más de 58 mil). La presencia de los hinchas del Tri se hace notar en estas horas por las calles de Moscú con fuerza y alegría. El famoso “Ay, ay, ay, ay, canta y no llores…” suena cada 5 minutos en los alrededores de la Plaza Roja.

No es una exageración decir que México le ganó a Alemania en todos los aspectos. Lo hizo en el campo de juego, que es lo que realmente importa, y también lo logró en las tribunas. Hubo amplia mayoría de hinchas del Tri en el Estadio Luzhnikí, donde ambos jugaron su primer partido en este Mundial. Fue un robo.

La victoria fue inesperada por el contexto que rodeaba a los mexicanos. El técnico colombiano Juan Carlos Osorio nunca fue querido por el público del Tri, que lo castigó e humilló cuando cayó ante Chile por 7 a 0 en semifinales de la Copa América 2016. Se especula, incluso, con que renuncie a su cargo una vez que termine este Mundial.

El final del partido generó la locura mexicana. Los hinchas se quedaron varios minutos dentro del estadio para festejar y terminar de tomar lo poco que quedaba de cerveza en sus vasos. Al salir, cantaron, se abrazaron y armaron varios grandes grupos para continuar con la celebración que no estaba en los libretos ni del más optimista.

El Luzhnikí fue el Azteca. Al lugar solo le faltaban margaritas, tacos y tequila.

“Eeeel Chucky Lozaaaaano”, otro de los hits de la tarde. Sonó dentro de la cancha y fuera. Hace referencia a Hirving Lozano, el autor del gol a Alemania, el luchador enmascarado que provocó el batacazo más grande hasta el momento en esta Copa.

Un hincha rompió el molde de las celebraciones y se animó a subirse a la estatua del mismísimo Vladimir Lenin, líder y padre de la Revolución Rusa que cambió el mundo. La gente lo aplaudió una vez que logró acomodarse en la base de la figura del político y la policía que estaba en el lugar no intervino.

El grueso de los hinchas mexicanos permanecieron en el predio durante dos horas, cantando, celebrando, grabando videos y tomando cerveza. Cuando el sol caía apareció un fanático con un par de botellas de whisky que se había “llevado” del Hospitality, un sector especial del estadio donde el lujo abunda.

Los mexicanos finalmente partieron de Luzhnikí y se dirigieron a la zona de la Plaza Roja, donde los restaurantes y los bares están abiertos hasta altas horas de la madrugada para satisfacer la sed y la locura mundialista. Será un domingo -y lunes- de emociones fuertes en la noche moscovita.

TN

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