Una llamada y una reunión bastaron para sellar la paz entre dos dirigentes enfrentados desde hace varios años. Decidido a tender puentes con todo el peronismo para instalarse de cara a 2019, José Manuel de la Sota dejó atrás sus rencores con Cristina Kirchner . La tregua no la firmó la expresidenta, sino su hijo, Máximo, que recibió en mayo al exgobernador de Córdoba, en un encuentro que se mantuvo en secreto durante dos meses.

La reunión, un almuerzo en la casa de un amigo en común, en Recoleta, la pidió De la Sota, como parte de la ronda de conversaciones que está llevando adelante para mostrarse como prenda de unidad del peronismo.

En los últimos meses también visitó a los intendentes del conurbano Martín Insaurralde (Lomas de Zamora), Verónica Magario (La Matanza), Gustavo Menéndez (Merlo) y Gabriel Katopodis (San Martín), a los que considera protagonistas del recambio generacional del PJ.

“La idea es que los intendentes de todo el país se autoconvoquen en un congreso que se haría en Córdoba entre agosto y septiembre, y que discutan una propuesta programática para el año que viene”, cuentan cerca del exgobernador. Esa propuesta le llevó a Máximo Kirchner, a quien no conocía, en un encuentro en que uno habló y el otro se dedicó a escuchar. Bastó para poner fin a una batalla de más de siete años.

“Las diferencias que tuvo De la Sota con el kirchnerismo fueron políticas, no personales. Él no levanta el dedo para acusar a nadie por temas judiciales”, dicen cerca del exgobernador. En las filas de La Cámpora encuadraron el encuentro en la construcción de un frente amplio para derrotar a Mauricio Macri en 2019. Con ese mismo objetivo, Cristina tendió puentes con gobernadores del PJ no kirchnerista, como Carlos Verna y Lucía Corpacci.

fuente LA NACION

Comments

comments