Hiperactivo, zigzagueante y decidido a levantar el perfil. Así se muestra el gobernador de Tucumán, Juan Manzur, desde hace varias semanas, cuando los primeros efectos del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la discusión del presupuesto volvieron a ubicar a los jefes provinciales en el centro de la escena política nacional.

Los movimientos de Manzur para ganar espacio entre sus pares empezaron a mediados de agosto. El tucumano se puso al frente del reclamo por la eliminación del fondo sojero que el Gobierno adelantó al último cuatrimestre de este año sin avisarles a la mayoría de los gobernadores.

A la primera reunión por el tema que convocó en el Consejo Federal de Inversiones (CFI) solo fueron Gildo Insfrán (Formosa), Rosana Bertone (Tierra del Fuego) y Alberto Rodríguez Saá (San Luis). Con el conflicto por el fondo sojero también el CFI volvió a ganar peso como reducto de rosca peronista, sobre todo en tiempos de crisis.

De a poco, el resto de los gobernadores fueron sumándose al reclamo por el fondo sojero, hasta que la semana previa a que el presupuesto ingresara en la Cámara de Diputados, a mediados de septiembre, la asistencia de gobernadores a la CFI fue casi perfecta y se sumaron Sergio Massa y Miguel Pichetto.

Con el correr de las semanas, Manzur fue corriéndose del rincón de los más duros -Rodríguez Saá, el pampeano Carlos Verna y la santacruceña Alicia Kirchner- para quedar entre los críticos moderados del gobierno de Mauricio Macri. Ese segundo grupo incluye a Lucía Corpacci (Catamarca), Rosana Bertone (Tierra del Fuego), Sergio Uñac (San Juan), Mariano Arcioni (Chubut) y Gildo Insfrán (Formosa).

El tucumano fue de los más molestos de la foto que los gobernadores de Córdoba, Juan Schiaretti y de Salta, Juan Manuel Urtubey, se sacaron junto con Massa y Pichetto el último jueves de septiembre, aunque coincide con ellos en que la reorganización del peronismo debe pensarse sin Cristina Kirchner. Furioso con la postal de Retiro, ese mismo día apuró una suerte de “contracumbre” con Florencio Randazzo.

¿Quiere ser candidato a presidente? En su entorno lo niegan. Dicen que quiere su reelección, una pelea que lo enfrenará a su mentor, hoy enemigo, José Alperovich.

Más allá de sus últimos movimientos, Manzur nunca rompió con la Casa Rosada ni mucho menos. El martes de la semana pasada, por ejemplo, firmó la adenda al pacto fiscal. Pero, una vez más, volvió a jugar combinado. Horas después de pasar por la Casa Rosada se mostró con Arcioni, Insfrán y el santiagueño Gerardo Zamora. Discutieron el impacto de los recortes del presupuesto en sus provincias y reclamaron al Gobierno que acepte cambios al proyecto.

Al día siguiente, el miércoles pasado, Manzur empezó a darle forma al acto por el Día de la Lealtad que realizará en su provincia el 17 de octubre. Almorzó en el gremio de los gastronómicos con el anfitrión, Luis Barrionuevo; con los dos jefes de la CGT, Héctor Daer y Carlos Acuña; Antonio Caló (UOM); Andrés Rodríguez (UPCN); José Luis Lingeri (AySA), y Roberto Fernández (UTA). También estuvo la diputada del Frente Renovador Graciela Camaño.

La cita del 17 será clave para Manzur. El tucumano quiere ser el anfitrión de la foto más tupida de la jornada. Imagina el hipódromo de la capital provincial, el escenario elegido para el homenaje a Perón, colmado. Cuenta con los gremios para alimentar la movilización. Pero no podrá evitar los faltazos. Aunque invitó a todos, la mayoría de los gobernadores se quedarán en sus provincias y harán sus propios actos. O dicho de otra manera: no le facilitarán al tucumano el protagonismo que busca.

fuente LA NACION

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