El juez federal Luis Rodríguez citó a prestar declaración indagatoria como sospechosos de armar testigos falsos para favorecer a Lázaro Báez a un fiscal y exespía, y a un exabogado del empresario kirchnerista. Supuestamente ellos aleccionaron a militantes kirchneristas para decir que habían visto al juez federal Sebastián Casanello en la quinta de Olivos cuando la ocupaba Cristina Kirchner.

Por ello, el 21 y 22 de noviembre serán indagados Santiago Viola, exabogado de Báez, y Eduardo Daniel Miragaya, que trabajó para la AFI, acusados de instruir falsos testigos para sacar al juez Casanello de la causa de la ruta del dinero K. Por esta causa, Báez está preso y en juicio oral, acusado de blanquear fondos de la corrupción.

Ambos serán indagados a pedido del fiscal Carlos Stornelli y del propio Casanello, querellante en la causa que se desarrolla en paralelo con el juicio oral y público que empezó esta semana contra Báez por haber blanqueado 60 millones de dólares.

Se investiga un complot para apartar a Casanello de esta causa cuando estaba en su momento de mayor tensión, buscando testigos fraudulentos que dijeran que lo habían visto en la quinta de Olivos. El plan casi da resultado. De hecho, la Cámara Federal ordenó una investigación y concluyó que no había evidencias de esta situación. Los acusados son Miragaya, un fiscal que con el gobierno de Cambiemos integró las filas de la AFI, junto a Gustavo Arribas y Silvia Majdalani, y el abogado Viola, al que le adjudicó un rol como presunto instigador en la movida con la que intentaron desplazarlo. Los dos testigos falsos son Gabriel Corizzo y Carlos Scozzino, que afrontan ahora un juicio ante el Tribunal Oral Federal Nº 3 por falso testimonio.

Tanto Casanello como Cristina Kirchner negaron siempre siquiera conocerse. Corizzo es un militante kirchnerista que fue empleado de la Anses y Scozzino era chofer de la Presidencia. Ambos declararon, bajo juramento, que vieron a Casanello en una sala de espera de la quinta de Olivos en septiembre de 2015.

Sin embargo, ambos mintieron, según corroboraron el juez Rodríguez y el fiscal Stornelli. Verificaron que ninguno de los tres -ni Corizzo ni Scozzino y tampoco Casanello- estuvieron ese día en la residencia de Olivos. Un peritaje policial detectó 248 llamadas telefónicas entre Miragaya y Viola, con un pico en los días claves, mientras que Corizzo admitió ante Stornelli que antes de declarar se había reunido con Viola y con un “fiscal” cuya descripción física se acerca a la de Miragaya. Corizzo y Scozzino pidieron una probation para evitar una condena que podría llegar hasta diez años de prisión y no buscaron defenderse en el juicio oral. Para Stornelli, Miragaya habría preparado a los testigos en una oficina del edificio sobre la confitería Exedra, en Córdoba y 9 de Julio, donde se encontraron el abogado Viola y los dos declarantes.

En el expediente declaró el periodista Carlos Pagni, de la nacion, quien informó sobre el episodio y dijo que, según sus fuentes, Corizzo fue contactado por Viola, y que Miragaya estaba presente en esa reunión en Exedra. Dijo que este lo testeó en su relato como testigo, con detalles como el piso del área de la Jefatura de Gabinete de Olivos, que ambos conocían, por lo que entendió que su relato era consistente.

Declaró, además, que Miragaya tendría vínculos con Leandro y Martín Báez, a través de Miguel Ires, lo que facilitó el encuentro en la oficina situada en el edificio encima de Exedra. Dijo el periodista que creía que el montaje para separar a Casanello del caso había sido por un precio y que Miragaya y Claudia Balbín, madre de Viola, eran amigos. Stornelli recogió las conclusiones del entrecruzamiento de llamadas que determinaron que entre el 1º de mayo de 2016 y el 31 de marzo de 2017 hubo 238 llamadas entre Balbín y Miragaya. Con estos elementos, pidió la indagatoria a Viola y Miragaya, y Luis Rodríguez las concedió.

fuente LA NACION

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