Alejandro Finocchiaro condujo durante dos años y medio el Ministerio de Educación Nacional. Tomó el mando en julio de 2017, cuando Esteban Bullrich se encaminaba hacia el Senado. Cuando se redujo la cantidad de ministerios, pasó a tener bajo su órbita también las secretarías de Cultura y Ciencia y Tecnología. Ahora, a poco más de un mes para que termine su gestión, hizo un balance con Infobae: aciertos, cuentas pendientes, su relación tirante con el sindicalismo docente y una revelación sobre la paritaria nacional.

-Si tuviera que calificar su gestión, ¿cuánto le pondría?

-En general no me califico. Me gusta poner notas porque soy docente, pero no me gusta autocalificarme. Uno nunca es razonablemente objetivo cuando se autocalifica. Yo cuando corrijo los exámenes en la universidad tapo los nombres para no tener un sesgo.

-Entonces, ¿qué diría que fue lo mejor y lo peor de su gestión?

-Creo que lo mejor fue haber llevado a la escuela argentina al siglo XXI, haber empezado a mover un sistema que estaba anquilosado, a mover determinadas lógicas. Hemos evaluado, aplicado políticas de mejora tanto en lengua como en matemática. Hasta este año seguíamos con la secundaria de 1918. En 100 años no había habido ningún cambio. Impulsamos una nueva forma de secundaria. Haber hecho un ecosistema digital en cada escuela con formación docente. Creo que generamos algo que es muy bueno: que se ha hablado más de educación en los últimos cuatro años que en los diez anteriores. A favor y en contra de lo que hacemos. La educación está mucho más en la agenda de la clase dirigente argentina que hace cuatro años.

-¿Y qué cree que le quedó pendiente?

-La planificación del sistema universitario. Nosotros decidimos atacar primero los mecanismos que generaban inmovilidad en la educación obligatorio porque el 60% deserta en el primer año. Faltó mayor planificación: que no se superpongan carreras, que desarrollemos las áreas de conocimientos vacantes, que se habiliten carreras más cortas. Es ridículo tener carreras de 6 años. Hay que agregar títulos intermedios con salida laboral. Tenemos que ir a un sistemas de créditos: que no se pierdan materias cuando cambiás de carrera o universidad.

-¿Cómo fue liderar un Consejo Federal con clara minoría partidaria?

-Fue una experiencia maravillosa. El Consejo Federal es un ejemplo de cómo debiera ser el país. Se trabajó en pos de la educación. Nosotros solo teníamos 5 votos sobre 24. La oposición trabajó con nosotros, lo cual no quiere decir que haya sido fácil. La Secundaria 2030, por ejemplo, fue un trabajo de dos años. En cada lugar de la Argentina se debería replicar ese espíritu patriótico. Estoy muy agradecido con todos los ministros.

Alejandro Finocchiaro, ministro de Educación nacional (Crédito: Santiago Saferstein)

Alejandro Finocchiaro, ministro de Educación nacional (Crédito: Santiago Saferstein)

-Desde que asumió la cartera, adoptó una postura de confrontación con parte del sindicalismo docente, principalmente con Ctera. ¿Fue parte de una estrategia?

-No, no fue una estrategia. Tiene que ver con una convicción. Nosotros entendemos la escuela de una manera y Ctera la entiende de otra. Ellos hablan mucho de una escuela inclusiva. Para nosotros, es una redundancia porque la escuela incluye per se. Ahí entra esa cuestión de que los chicos pasaban de grado para no estigmatizarlos. Sobre el salario también tenemos diferencias: nosotros sí creemos que hay que aumentarlo, pero con incentivos positivos. Cuando estaba en la provincia de Buenos Aires, el 40% de los docentes no había hecho un curso de actualización desde que se había recibido. Pagar por presentismo es un incentivo positivo. Pagar por capacitación también.

-¿Por resultados también?

-No, porque los resultados hay que verlos en contexto.

-Pero tomando el punto de partida de cada escuela.

-Yo creo que lo que hay que hacer es pagar por capacitación, que es lo que se hace en nuestras universidades públicas. No estamos hablando de cosas que se ven solamente en la actividad privada capitalista y neoliberal. Con Ctera tuvimos diferencias, pero también diálogo. Aunque no todo el mundo lo sabe, tuvimos contacto para solucionar cuestiones que suscitaban en alguna provincia o a nivel nacional.

-¿Una cosa era la retórica y otra lo que pasaba puertas adentro?

-En la retórica estamos en desacuerdo porque no coincidimos en cuestiones más profundas. Pero yo no tengo ningún problema con un dirigente de Ctera.

-Viendo en retrospectiva el nivel de conflictividad que trajo la derogación de la paritaria nacional, ¿volvería a tomar esa medida?

-Sí, absolutamente. Ahí también hay una cuestión de retórica. No hubo una derogación de la paritaria nacional porque nunca existió una paritaria nacional. Una paritaria es una ley que establece obligaciones, plazos, formas de votación. En la Nación no había ley. Había una mesa que es la que nosotros seguimos estableciendo con todos los gremios menos Ctera, que no se ha querido sentar. Quien no paga salarios, no puede decidir cuáles van a ser los salarios que se van a pagar.

Voy a contarte algo que no te lo va a reconocer nadie. En realidad, la idea de empezar a derogar la paritaria nacional docente surgió de los gobernadores peronistas en 2016. Se reunieron con el entonces ministro de Economía Prat Gay. Los gobernadores se quejaron de que eso distorsionaba sus arreglos provinciales.

-¿A ellos no les convenía tener un piso a nivel nacional?

-No, por eso te digo. Cuando el Presidente avanzó, nadie se hizo cargo de eso. Fue una reunión donde se planteó, pero no hubo un comienzo de trabajo ni nada. Incluso en el período anterior al nuestro, de cuatro paritarias solo pudieron cerrar una. No es una buena idea

-Con esta economía cambiante, de crisis casi constantes, ¿se puede tener una buena educación?

-Sí, se puede si miramos hacia el futuro. Ahora, por supuesto, los recursos del Estado siempre son finitos. Una mejor economía ayuda a tener una mejor educación. Hay una cosa que los argentinos tenemos que discutir: pensar cuáles no son las prioridades. Si vos tuvieras todo el espectro político reunido en esta entrevista, todos te van a decir que la educación es importante, incluso el que piense que no. Cuando nosotros nos pongamos de acuerdo en cuáles no son las prioridades, con ese dinero podemos hacer las cosas que son prioritarias.

-Para usted, ¿cuáles cosas no son prioritarias?

-Para mí, el Fútbol para Todos nunca fue una prioridad. Puede ser en un país nórdico, donde en la calle las baldosas de las veredas están calefaccionadas. En un país que necesita trabajar mucho, no. También soy un convencido de que en algún momento hay que revisar los planes sociales. El ciclo sería que empiece a crecer la economía, generar inversiones, capacitar a los que hoy tienen planes sociales y a partir de ahí decirles: “Tienen 6 meses más para conseguir trabajo”. No puede ser que un tercio del país se cargue sobre las espaldas dos tercios.

-Se suele decir que no hay una sociedad que demande mejor educación, más allá de que todos digan que les importa.

-Hay algo que decía Sarmiento que era más o menos así: “La educación es una de esas cosas que la gente no reclama porque no sabe que la necesita”. Es decir, si uno tiene hambre o sed, fisiológicamente va a buscar qué comer o qué beber. Si todos entendiéramos que los países que se han desarrollado en el mundo, han invertido en educación… y cuando hablo de invertir no hablo solo de dinero. El 6% del PBI es más de lo que gastan algunos países desarrollados. El tema es cómo gastás. Creo que Macri fue el primer presidente en poner esto en debate.

-Hay una polémica en torno a la publicación de los resultados de aprendizaje. En dos aperturas de sesiones, el Presidente mencionó que debía reformarse la Ley de Educación Nacional para poder difundirlos. Ahora se suman dos fallos, uno de Salta y otra de CABA, que ordenan al ministerio difundir los resultados. ¿Qué piensa usted?

-El Presidente siempre habló de modificar la ley; no de no cumplirla. Hoy cada padre tiene derecho a ir a la escuela y pedir que le den los resultados de las evaluaciones. Pero hay que hacer una aclaración: los resultados como números fríos no valen. Hay que ver el contexto de cada escuela. Una cosa es mostrar los resultados en contexto. Otra cosa es generar rankings.

Finocchiaro se refirió a la polémica en torno a la publicación de los resultados de aprendizaje (Crédito: Santiago Saferstein)

Finocchiaro se refirió a la polémica en torno a la publicación de los resultados de aprendizaje (Crédito: Santiago Saferstein)

-¿Qué opina del conflicto docente que se presenta en Chubut desde hace meses? La semana pasada, el gobernador tomó la decisión de que no repitan aquellos alumnos que perdieron clases por los paros.

-Cuando estalló el conflicto, nos juntamos con el gobernador Arcioni, con Frigerio y Sica. Tiene que quedar claro que esto parte de una gran irresponsabilidad del gobernador. Para ganar una elección, otorgó un aumento que sabía que no podía pagar. Desde Nación se hicieron las transferencias para que se les pague a los docentes. Nunca se les pagó a los docentes. Y con respecto a hacer pasar de grado a todos, yo no puedo estar de acuerdo con eso. Es un daño muy grande.

-¿Qué futuro avizora para Cambiemos a partir del 10 de diciembre?

-El pensamiento de la mayoría de los que integramos Cambiemos es que debemos seguir representando al 41% de los argentinos que siguen creyendo en el cambio. Estoy convencido en que vamos a representar a esa gente.

-¿Y su futuro?

-Voy a seguir haciendo política que es la gran vocación de mi vida. Y también voy a seguir en la academia. Yo nunca me fui de la universidad. Seguí dando clases durante estos años. Ahora estoy muy concentrado en hacer la transición con quien me suceda. Después habrá tiempo para pensar.

 

 

fuente INFOK

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