26 octubre, 2020

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MARCHA MULTITUDINARIA EN CONTRA DEL ABORTO

MARCHA MULTITUDINARIA EN CONTRA DEL ABORTO

En un día de reclamo de expansión de los derechos de las mujeres, cuatro hombres se sentaron en la primera fila. En un escenario montado al pie de la Basílica de Luján, rodeados por miles de fieles, vestidos con trajes que mostraban su jerarquía dentro de la estructura de la Iglesia, leyeron el Evangelio. Pero esta vez, en una fecha que recuerda la salida a la calle de trabajadoras neoyorquinas en reclamo de mejores condiciones laborales, los integrantes de la Comisión Episcopal Argentina no sólo se centraron en transmitir «la palabra de Dios». También hablaron de la situación del país y de las mujeres.

Vídeo gentileza de EL FARO

«Venimos a pedir por todas las mujeres para que se respete su vida, su integridad y sus derechos, superando todo tipo de exclusión», dijo el obispo de San Isidro, Oscar Ojea. Al frente, tenía la Virgen de Luján reproducida en una figura del tamaño de un nene de 12 años. A su espalda, en primera fila, estaban los miembros restantes de la Comisión: Mario Poli, Vicepresidente 1º, Marcelo Colombo, Vicepresidente 2º y Carlos Malfa, secretario general.

Ellos y la multitud escuchaban a Ojea. «Por eso hemos elegido como lema de este encuentro eucarístico: Sí a las mujeres, sí a la vida», dijo. La frase se leía arriba del escenario y abajo: en banderas argentinas de más de diez metros de largo, en gorros que cubrían las cabezas del sol, en remeras celestes y folletos que se repartían gratis.

Otros objetos tenían costo. Por ejemplo, el libro «La vida es siempre un bien» de Leandro Bonnin ($ 250), el pañuelo celeste ($ 50) o un feto en muñequito que salía todavía más. «Está a $ 100. En verdad, a un dólar, que serían $ 80», explicó a Clarín una mujer integrante del grupo El Bebito.

 

Miles de personas se concentraron este domingo frente a la Basílica de Luján en contra del aborto. Foto: Juan Manuel Foglia.

Durante toda la misa que se prolongó por más de una hora y media, las mujeres fueron miles. Patricia Louzan, una de las primeras. Viajó desde Moreno junto a un grupo, pero a las 10 avanzaba sola por la calle San Martín, que desemboca en la fachada gótica de la Basílica.

«Soy química y defiendo la vida. Por eso vengo a las marchas», dijo a Clarín. A su alrededor, caminaban familias cargadas con reposeras y chicos de secundaria que sostenían postes de una bandera en contra de la interrupción legal del embarazo. «Me preocupa lo que dijo el Presidente», siguió Patricia, refiriéndose al anuncio de Alberto Fernández de enviar al Congreso un proyecto para legalizar el aborto. «La vida empieza con la concepción y termina con la muerte natural, y hay que respetarla en todas las etapas».

En su trayectoria como científica, en los laboratorios, discutió con pares y jefes sobre su visión. La diferencia estaba en el criterio de uno u otro sobre el momento en que se constituye una persona. «Era un debate interesante», calificó. Pero respecto al derecho de las mujeres a decidir si tener o no un hijo fue más tajante: «Somos administradores del cuerpo, no dueños».

La palabra “vida” se repetía entre las argumentaciones. Ya había ocurrido en 2018, cuando se debatió la legalización y diputados, senadores, ministros y el entonces presidente Mauricio Macri la repetían para posicionarse en contra del proyecto. Incluso la escritora Claudia Piñeiro, quien se manifiesta a favor del aborto, alertó sobre la operación de lenguaje. Ahora en la misa, dos años después, volvía a aparecer “vida” en boca de todos. Fueran autoridades de la jerarquía eclesiástica o fieles. Matrimonios adultos o chicos sub 20 como Jeremías, Joaquín y Andrés, de Acción Católica de Mercedes. O el caso de Tomás que armó un cartel con esta leyenda: monaguillos de Santo Domingo.

«Somos de una parroquia de San Miguel, un grupo pro vida. No tenemos representación en ninguna manifestación y decidí traer este cartel. Tenemos que estar a favor de las dos vidas», dijo.

El 2 en número era otro rasgo característico. Estaba escrito en camisetas y folletos. También en globos grandes de cumpleaños. Uno estaba atado al feto de papel maché, un clásico de las marchas celestes. El muñeco feto de este domingo era arrastrado por una vieja camioneta Hilux.

Entre la multitud, Liliana y Mario, un matrimonio de Belgrano, jugaban con la perspectiva. Querían que la Basílica de Luján entrara en la selfie que tomaban con el teléfono. Para ellos, devotos de Schoenstatt -un movimiento católico que nació durante la primera guerra mundial- era importante tener un registro de su participación.

«Toda la vida defendimos la vida desde el minuto 0. Tenemos ocho hijos. Esperamos que haya un retroceso con la idea de establecer el aborto como una cosa normal porque no es legítimo, es un asesinato», dijo Mario.

Mientras que Liliana evitó categorizaciones y recurrió a su experiencia: «Trabajamos muchos años con mamás con embarazos muy conflictivos y difíciles, pero siempre encontrábamos una solución que no pasara por la muerte. Estamos honestamente convencidos de que cada vida humana es única e irrepetible». Y diferenció: “Esto en el caso que no se haya tratado de una violación”

Mujeres religiosas que se dieron cita este domingo para escuchar la palabra de monseñor Ojea. Foto: Mario Quinteros

Acá y allá había fieles celestes. La misa fue en el escenario que se montó en la puerta de la Iglesia, pero mientras el obispo Ojea hablaba, la Basílica también estaba llena. Detrás de la última fila de bancos de madera estaba Yolanda. Sentada en su reposera, rezaba. Su viaje había empezado el sábado en Formosa capital. A Luján llegó 16 horas después.

“Le doy gracias a mi mamá porque no me abortó y a la virgencita que me dio dos hijas”, dijo y sobre su viaje detalló: “Con nosotros vino una psicóloga que dijo que en el aborto las mujeres se desangran. Me pregunto cómo el Presidente ahora dice que lo va a permitir. Estoy acá para decir no, porque legal o ilegal va a ser lo mismo”. Aunque según un informe presentado en 2018 por el entonces jefe de Gabinete Marcos Peña, casi 50 mil mujeres deben ser internadas en la Argentina cada año por complicaciones en abortos clandestinos.

Mientras Yolanda creía que todo -con el aborto legal o no- sería igual, afuera los obispos seguían sobre el escenario al micrófono. El rol de la mujer como voz era secundario. Se las oía en el coro, para pedir oración o para la colecta.

Fue así hasta el final, cuando recién después de que los ministros dieron la Comunión, la mujer ganó el espacio central. Hablaron referentes de distintos credos -judío, católico, evangélico y musulmán-. Mujeres hablando sobre mujeres en su día.

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