29 septiembre, 2020

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EL KIRCHNERISMO MATA: La lucha de una abuela en la Justicia para volver a ver a su nieta

Como pactaron en la mediación en el juzgado, Elida iba dos veces por semana a la casa de su hija, en Quilmes, donde vive su nieta. Pero cuenta que cada vez que llegaba, su hija que la nena no estaba o se encontraba ocupada. «Entonces decidí visitar a mi nieta pero sin entrar, sin verla, pero quería que me escuchara», le cuenta esta mujer a Clarín.

Desde la vereda Elida le cantaba «El reino del revés», «Canción del jacarandá», «En el país de nomeacuerdo», todos temas de María Elena Walsh, que siempre le encantó a mi nieta. «Hasta que bajó la pareja de mi hija y de manera violenta e intimidatoria me dijo: ‘Te quedás acá pero no cantás, ¿entendiste?’. Entonces decidí no ir más, decidí ponerle fin a la humillación, pero siento un puñal en el pecho por no ver a mi nieta».

Elida Torrado tiene 71 años. Es profesora de música y siempre tuvo un amor especial por su nieta. Cuenta que la que crió y cuidó hasta los 9 años. Hoy la nena ya es adolescente, tiene 13 años, y en los últimos cuatro años abuela y nieta dejaron de tener todo tipo de contacto.

Elida Torrado tiene 71 años y no quiere resignarse a no volver a ver a su nieta.

Elida Torrado tiene 71 años y no quiere resignarse a no volver a ver a su nieta.

«Hola Elida: te escribo para comunicarte que hemos decidido que podés visitar a tu nieta siempre y cuando ella lo desee y en nuestras respectivas casas, la mía o la de la madre, pero siempre en presencia de alguno de nosotros. Saludos». Ese mail del padre de la chica determinaría cómo seguiría el vínculo.

Elida empezó a mover todo lo que estuviera a su alcance. Llegó a la Justicia, hizo una denuncia en el Juzgado de Familia N°2 de Pablo Ferrari, pidió ayuda en AAFANI, una agrupación que vela por los derechos de los niños y hasta se perfeccionó en las redes sociales para tener una alternativa de vínculo.

«El tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos«, parafrasea Elida, que a veces pierde toda esperanza. Ella asegura que «fue adoctrinada por su papá y por mi hija… Les lavaron la cabeza. Dijeron que yo era una mala influencia, que la llenaba de religión y hasta que la mal alimentaba. Todo lo que en realidad ellos hacían, pero a mi denuncia en la Justicia ellos respondieron con esa contradenuncia falsa», suspira agotada.

Elida, en una de las tantas veces que fue a reclamar justicia a los tribunales de CABA..

Elida, en una de las tantas veces que fue a reclamar justicia a los tribunales de CABA..

«Y agregaron que yo sufría problemas psiquiátricos. Hoy soy mala palabra para mi nieta, no quiere saber nada conmigo, pero yo sé que ella actúa por miedo a sus padres, no es lo que verdaderamente siente, no puede ser, no me cabe en la cabeza que la presionen así. Yo a ella la crié, la llevaba al colegio, le hacía la comida, le enseñé a cocinar rico, hemos viajado juntas, hasta que de un día para el otro todo se cortó».

¿Cuál fue el disparador que motivó la situación actual? «A mí me empezó a hacer ruido que con 7 u 8 años el padre le dijera a la nena que jugara a crear cooperativas en las que, interpretando a Cristina Kirchner, la nena hacía que le regalaba plata a los pobres. Era muy raro, tanto como cuando empezó a cantar la marcha peronista e iba a las manifestaciones y hasta gritaba por Cristina e insultaba a todos los políticos opositores… Ese cambio fue abrupto, no algo natural. El padre ya metido en la Cámpora le inoculaba todo eso en la cabeza y la madre miraba para otro lado«, describe el panorama.

Elida decidió hablar con su hija y con su yerno, por separado, y la respuesta no fue la esperada. «No te metas, es nuestra hija», dice que le respondieron. «Mi yerno, que era un ser sensible y cálido, profesor de música como yo, entró en la desesperación económica y se afilió a la Cámpora… A partir de ahí se convirtió en una persona irreconocible y así fue que me prohibió estar a solas con mi nieta… Mi hija, una persona manipuladora y que siempre me usó, siempre tuvo celos de mí, hizo poco y nada por garantizar la relación con mi nieta».

Elida, en su casa de Quilmes, sumida en en el bajón. "Extraño la sonrisa de Satie", dice.

Elida, en su casa de Quilmes, sumida en en el bajón. «Extraño la sonrisa de Satie», dice.

Acorralada por la situación esta mujer que vive sola, que ejerció la docencia durante 36 años en el Colegio San José, de Quilmes, recurrió a la Justicia e hizo una denuncia en el Juzgado de Familia N°2. «Pero no pasó nada durante tres años, cuando recién ahí acordamos que la podía ver dos veces por semana, pero fui tan humillada por mi hija y por su actual pareja, que no tenía sentido seguir yendo».

«La nena lamentablemente obedece a sus padres, que la llenan de odio», declara esta mujer que tiene otros tres hijos, dos viven en el exterior y el otro en la Patagonia. «Recuerdo en una visita -sonríe con dolor- cuando pude verla unos minutos, la saludé y su primera reacción, claramente guionada, fue cubrirse la cara con las manos como si estuviera por agredirla… una cosa absurda».

Nunca pudo estar cinco minutos a solas a pesar de que la mediación de visitas provisorias le permitía compartir una hora, «Siempre estaba monitoreada, decía tener muchas ocupaciones que le imponían, cosa de que ni siquiera me mirara. Pasó una vez que estaba en la computadora y la fui abrazar y le dije ‘Yo te amo, por favor, sabelo’. Y me fui y me prometí no entrar más a esa casa».

«Andate, no te quiero ver». fue la última vez que su nieta, hoy de 13 años, le gritó desde la terraza de su casa cuando Elida cantaba «El reino del revés». La abuela hizo oídos sordos, terminó la canción y se retiró con la frente alta pero con el alma arrastrándose.

"Cartas a mi Nieta", el libro que Elida le escribió.

«Cartas a mi Nieta», el libro que Elida le escribió.

«Eso pasó hace dos años, nunca más supe nada y a medida que pasa el tiempo, la ausencia, el silencio y la falta de comunicación conspiran contra mí. Yo por Facebook le escribo, le cuento cuánto la amo, posteo fotos de nuestras salidas, almuerzos y paseos con el sueño de que ella los pueda ver. Pero sé que su mamá le revisa todo y a mí me bloquearon. Tuve una época en la que creía que me comunicaba, pero la que me respondía era mi hija, entonces decidí escribirle un libro, ‘Cartas a mi nieta’. que espero que algún día ella pueda leer con tranquilidad».

«¿Qué nos queda a los que peleamos? Nada. ¿No hay un juez que se ponga colorado, no hay un juez que tenga nietos? Debe haber, pero qué les importa… De lo contrario, cómo puede ser que en este mes de agosto se cumplen cuatro años de mi presentación en la justicia para pedir ver a mi nieta y nadie me da una respuesta», escribió Elida en su Facebook.

«Yo no te olvido, nunca te voy a olvidar, pero estoy cansada… La desilusión se apoderó de mí, ya dejé todas tus cosas que tenés en mi casa en manos de alguien por si no llego a volver a verte. Sin explicación te quitaron a tu abuela, te la extirparon a los 8 años y hoy tenés 13. ¿Podrías mandarme un identikit? ¿Te reconoceré? Pienso mucho en cómo te verás hoy y siento un puñal en el pecho. Sé que ya no sos la nena que vi ultima vez, pero prefiero recordarte así».

«La Justicia resulta inoperante»

Fabián Cizmadija es el abogado de Elida Torrado. Consultado por Clarín, confirmó que «la causa judicial se inició el 26 de agosto de 2016 en el Juzgado de Familia N° 2 de Quilmes, cuando ya hacía unos meses que la abuela no veía a la nieta, porque prefirió esperar un tiempo, intentar arreglar el tema extrajudicialmente pero no hubo tiempo. Entonces, como primer paso provisorio, una mediadora acordó un régimen de visitas. Pero la nieta está muy influenciada por la madre y cada vez que se ejercían las visitas estaba presionada por la madre y siempre tenía alguna actividad que hacer».

El profesional agregó: «Elida, con toda paciencia, cumplió lo pactado, hasta que decidió no entrar pero esperar a su nieta en la vereda, cantándole bajo la lluvia, el frío y ella siempre fue perseverante. Denunciamos que no se cumplía con lo que se había pautado, se fija otra audiencia y la hija de Elida reaccionó en forma desafiante y con una postura nada conciliadora. La Justicia resulta inoperante cuando una de las partes desobedece una de las órdenes de los jueces ya que no aplicó ningún tipo de sanción ni apercibimiento».

«Acto seguido pedimos una medida cautelar de carácter urgente, porque estamos hablando de una abuela, y sabemos que la Justicia tiene sus tiempos y la vida tiene otros, y más si se trata de una persona mayor a la que no le sobra el tiempo. Así es como interviene el Cuerpo Técnico de Psicólogo, Psiquiatra y Asistente Social del Juzgado N°2 de Familia de Quilmes, que determina que Elida no tiene ninguna patología psiquiátrica ni psicológica y aconsejan que se retome algún tipo de revinculación social», explicó Cizmadija.

«Hoy están pendientes las declaraciones de los testigos, que se fue suspendiendo por la cuarentena. Una de las testigos es la directora escuela donde ejercía Elida, que puede dar fe de la relación que tenían abuela y nieta. Pero es una vergüenza cómo funciona la Justicia de familia, que suspendió todos los actos procesales presenciales, sabiendo que las cuestiones familiares no admiten demora. Tranquilamente se podría hacer con el protocolo correspondiente, con los paneles acrílicos y las normas sanitizantes que conocemos».

El abogado se refirió también al tema político. «El papá de la nena pertenece a la Cámpora y tiene peso en la Universidad Nacional de Quilmes. El padre adoctrinaba políticamente a su hija desde muy chiquita. En vez de hacerla vivir una infancia feliz, le inculcaba estos adoctrinamientos políticos innecesarios, sin darle la libertad de que el día de mañana tenga la libertad de poder elegir sus colores políticos. Esa situación enojaba mucho a la abuela, porque ella la crió durante muchos años porque los padres, que trabajaban todo el día, le se la delegaron a la abuela, que ofició de mamá. Y el enojo tiene que ver por eso, por haber sido dejada de lado luego de haberle dado tanta responsabilidad. Para Elida, más allá de lo político, era muy violenta la forma en la que el padre le transmitía la política, y no se calló y enfrentó al papá y a la mamá, que se sintieron ofendidos y agraviados».

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