8 diciembre, 2022

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El objetivo del Gobierno es mantener alta la inflación

Considera el Gobierno un "triunfo" un índice del 45%, con esta alta inflación que le sirve para que los números le cierren.

Considera el Gobierno un «triunfo» un índice del 45%, con esta alta inflación que le sirve para que los números le cierren.

La inflación alta del Gobierno

Mantener una inflación muy alta, es esencial para los planes del Gobierno. En ocasión de la fallida discusión parlamentaria del Presupuesto, el ministro Martín Guzmán le puso un número al objetivo de inflación para 2022: 33%. Por cierto, un número altísimo para cualquier standard internacional, pero bien desafiante para el momento actual del país.

Y es desafiante, básicamente debido a que:

  1. El gobierno prevé un déficit fiscal primario similar en 2022 al 2021
  2. Aunque se expresa el «deseo» de contar con más financiamiento externo e interno que en 2022, lo «probable», es que el financiamiento monetario sea superior al 50% de la Base Monetaria actual
  3. En un contexto de estabilidad de la demanda real de dinero (que correctamente, expuso Guzmán en el Congreso), lo anterior implica un «marco macro» inflacionario, del orden del 50%
  4. Este 2022 no se prevé que el dólar y las tarifas jueguen a favor, sino, en el mejor de los casos, que «sólo» se indexen al IPC. También es voluntad del gobierno, que los salarios le ganen a la inflación.
  5. De modo que, «todo está dado», para que sea difícil bajar la inflación. Y llegar al 33%, a esta altura luce como una quimera, o un supuesto «no realista», siguiendo la autocrítica expresa por el FMI es su reciente evaluación sobre los préstamos otorgados al país en 2018.

Es funcional la inflación alta

Más allá de lo poco realista respecto al 33%, cabe señalar que, para el Gobierno, termina siendo «necesario» seguir cobrando un impuesto inflacionario del orden del 50% (puede ser algo menos, o un poco más también), porque es la única manera de que las cuentas fiscales terminan cerrando.

Martín Guzmán, o Alberto Fernández, bien podrían decir algo así como: «La oposición nos está haciendo muy difícil subir impuestos, como a nosotros nos gustaría. Y nosotros, el gobierno del Frente de Todos, queremos mantener e incluso subir, el gasto público, invirtiendo más en educación, en obra pública, etc. De modo que, así como están las cosas, cuesta mucho bajar el déficit fiscal. Y como lo debemos financiar imprimiendo billetes, y bajo el supuesto de que todos, resignadamente, vamos a demandar más billetes al ritmo en que aumenten los precios, necesitamos que la inflación sea del orden del 50%, para que a través del llamado impuesto inflacionario, las cuentas fiscales cierren».

Para el gobierno, termina siendo «necesario» seguir cobrando un impuesto inflacionario del orden del 50%
¿Por qué un 50% de inflación? Porque aproximadamente, se requiere emitir en 2022 un 50% de la Base Monetaria actual (que es 7,0% del PIB), para financiar los pagos fiscales (déficit primario y pagos varios por debajo de la línea, que superan en total el 3,5% del PIB).

Si «apretando» a las empresas, finalmente atrasando un poco el dólar, y/o las tarifas, no subiendo salarios por encima de la inflación, alguna baja en precio de commodities, y algún financiamiento extra, la inflación bajara (digamos al 45%), sería visto como un «triunfo» por el Gobierno. Y no podemos descartar, que buena parte de la población, bastante resignadamente, dijera: «podría haber sido peor».

¿Las inflación bajar un poco?

Y el Frente de Todos empezará incluso a entusiasmarse con la idea de que, en 2023, la inflación podría bajar un poco más (¿al 40%?). Con un poquito de suerte, el PIB podría crecer 3% en 2022 y una cifra parecida en 2023. Y el empleo, recuperarse un poco también.

Y en una de esas, con algo de mejora productiva, y algo de mejora inflacionaria, la economía no les juegue en contra para las elecciones presidenciales de octubre de 2023.

Este entusiasmo en el Frente de Todos, comprensible, dado que para los políticos es importantísimo ganar elecciones (siempre claro está, bajo el discurso, sincero o mentiroso, de que eso es lo mejor para el pueblo), es asimismo «consistente» con la sensación, bastante generalizada, de que estamos «varados». Que, como país, hemos caído en una suerte de pantano, y que no podemos salir de él. Tal vez podamos evitar «hundirnos». Pero salir, prosperar, vivir en un entorno seguro, con realizaciones individuales y colectivas en cantidad… eso no.

Eso sólo podría suceder con otra clase de liderazgos, con alta capacidad de concitar adhesiones, y en dónde el esfuerzo, el mérito, dar el ejemplo, pudieran ser la parte central, tanto del discurso como especialmente, de la acción política.

«La política económica necesita una altísima inflación para poder cerrar las cuentas fiscales y seguir transitando en el pantano de la mediocridad»
Y en el tema inflacionario, donde al discurso implícito del actual Gobierno que mencionaba más arriba, tan mediocre por cierto, pudiera oponerse otro que dijera algo así como: «no debemos resignarnos a tener que convivir con una altísima inflación. Tenemos que valientemente, dar todas discusiones que sean necesarias, para que, a través de mejoras impositivas, y especialmente, baja de gastos, podamos prescindir del financiamiento monetario, de modo de crear las condiciones para que nuestra inflación sea similar a la que hay en el resto del mundo».

Y trascartón, proponer concretamente, qué gastos bajar, y cuánto aportaría cada quien en pos de ese objetivo.

Puede ser difícil que un discurso así enamore. Rápidamente, el Frente de Todos, martillará con que «¡vienen con el ajuste!», «¡Vienen por vos!», ¡»Despabilate! ¡No los votes!» Y pueden tener éxito (muchos radicales y otros en Juntos por el Cambio también creen, erróneamente, que los ajustes fiscales son per se recesivos y contra el pueblo…).

Está en los potenciales líderes opositores, poder «despabilarse» en serio, demostrar a la población que el equilibrio fiscal no sólo no es recesivo sino puede ser expansivo (Plan Austral, Convertibilidad, 2003-2005), y que vale la pena encarar otro camino que el actual.

Mientras tanto, tenemos esto: una política económica que necesita una altísima inflación para poder cerrar las cuentas fiscales, y seguir transitando en el pantano de la mediocridad.

( *) Gabriel Rubinstein es Director de GRA Consultora. Ex Representante del Ministro Roberto Lavagna en el BCRA.

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