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Los precios suben sin tregua y el Gobierno congelado en la nada

Desde noviembre del año pasado, el IPC no para de crecer mes a mes, y precios en avance. Chances de Massa y un Gobierno sin reacción

Desde noviembre del año pasado, el IPC no para de crecer mes a mes, y precios en avance. Chances de Massa y un Gobierno sin reacción

El ÍNDICE de precios cómo crece

Pese a que en los últimos dos meses del año pasado la inflación había bajado al 5% mensual y que las autoridades económicas aseguraban que la tendencia bajista se consolidaría en los primeros meses del 2023 llegando a perforar el 4% en abril, finalmente la suba de precios se aceleró significativamente superando el 8% en abril.

Preocupa que la inflación haya promediado 7,2% mensual en el primer cuatrimestre del año -equivalente a un 130% anualizado- pero lo más alarmante es que desde el 4,9% de noviembre del año pasado, la suba mensual del IPC Nacional no para de crecer: 5,1% en diciembre de 2022; 6,0% en enero de este año; 6,6% en febrero, 7,7% en marzo y el flamante 8,4% de abril.

La inflación núcleo, en alza constante
Esta «escalera al cielo» -que en realidad nos acerca cada vez más al infierno inflacionario- también se replica en la suba creciente del IPC Núcleo, por lo que las autoridades no pueden ampararse en factores estacionales y/o subas de precios regulados para explicar la aceleración observada en los últimos seis meses. Desde la suba del 4,8% de noviembre del año pasado, la tasa mensual de inflación núcleo no paró de crecer -salvo en marzo-:

5,3% en diciembre de 2022.
5,4% en enero de este año.
7,7% en febrero.
7,2% en marzo.
8,4% de abril.

Qué pasa con los precios de los alimentos

Un capítulo aparte merece lo que está ocurriendo con el precio de los alimentos.

La inflación de estos bienes esenciales trepó en el primer cuatrimestre de 2023 a un promedio mensual del 9,3%, 2,1 p.p. por encima del Nivel general de precios (7,2%). Este ritmo es demoledor en términos socio-económicos, pues los ingresos de las familias de menores recursos quedan muy rezagados frente al alza de los precios de los alimentos, lo que incrementa la indigencia y la pobreza. 

A diferencia del año pasado, el shock alcista del precio de los alimentos no es generalizado en el mundo. Por caso, para el Banco Mundial el precio en dólares de los alimentos trepó en el primer cuatrimestre del 2023 sólo 1,4% -en línea con la inflación global- cuando en dicho período del año pasado había subido casi 25%.

Como se observa en la tabla a continuación, la mayoría de los países -incluidos varios de Sudamérica- muestran una suba del nivel general de precios similar al de los alimentos. La excepción parecieran ser Argentina, Uruguay y Paraguay que son grandes productores netos de alimentos que se vieron afectados por tercer año consecutivo al fenómeno climatológico de la Niña, que genera lluvias por debajo de la media histórica en las zonas cultivables.

El verdadero impacto de la sequía

El efecto directo del shock adverso de la sequía sobre los precios de los alimentos debería comenzar a diluirse, pero el impacto de la pérdida de u$s20.000 millones de agro-divisas recién comienza a percibirse. Hasta mediados de abril, la mayoría de los economistas esperábamos que la inflación del mes arranque con 7% pero que se ubique debajo del 7,7% de marzo. ¿Pero por qué terminó trepando el 8%? La respuesta apunta a la disparada de las cotizaciones alternativas del dólar durante la segunda quincena de abril en un contexto de creciente escasez de divisas.

El problema es que, en los primeros meses del año las importaciones y el nivel de actividad ajustaron levemente frente a la fuerte caída de las liquidaciones de agro-divisas, por lo que se consumieron todas las Reservas Internacionales Netas (RIN) del BCRA. Esto significa que en lo que resta del año deberemos convivir con mayores restricciones/desdoblamientos de importaciones y mayores tensiones cambiarias/financieras en un contexto de creciente inercia e incertidumbre por el proceso de elecciones presidenciales.

¿Cómo frenar a los precios?

Hacia adelante, la pregunta del millón es qué anclas podrían utilizarse para al menos frenar la escalada alcista de los precios.

Repasemos las principales alternativas: Precios Justos no funcionó; el tipo de cambio oficial no puede usarse como ancla pues exacerbaría las presiones cambiarias; contener las cotizaciones alternativas es importante, pero insume RIN del BCRA que ya están en terreno negativo; los salarios no son culpables de la aceleración de la inflación, ya que vienen corriendo de atrás al alza de precios los últimos años y usarlos de ancla para reducir la demanda agregada potenciaría el deterioro de los indicadores socio-económicos; los precios regulados viene trepando en el primer cuatrimestre a un menor ritmo promedio mensual que el nivel general (+6,3% vs +7,2%), pero en un contexto de pérdida de retenciones agropecuarias que deteriora el resultado primario del Sector Público Nacional, el Ejecutivo acaba de implementar en mayo un nuevo ajuste de tarifas energéticas para mostrarle al FMI voluntad de contener el rojo.

Pero no todo está perdido, si el Gobierno logra extender la pax cambiaria hasta las PASO -para no repetir el lunes 15 de mayo lo sucedido a mediados de abril, será clave que se anuncien medidas potentes y destrabar financiamiento externo- es posible que el alza de precios se estabilice con un piso elevado del 7% promedio mensual. Sin embargo, mi principal preocupación en materia de inflación se centra en el último cuatrimestre de 2023 cuando el resultado electoral y las eventuales medidas económicas del próximo presidente electo anticipen/precipiten cambios significativos de precios.

*Por Lorenzo Sigaut Gravina, Director de Análisis Macroeconómico de Equilibra

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