Subir la tasa de interés es la clave.

Al margen de la intervención estadounidense, la clave para entender la última crisis económica en la que está inmersa Turquía es la política monetaria. El rechazo de la entidad a aumentar las tasas de interés el pasado mes de junio fue el colmo a la paciencia de los mercados con el país otomano: a pesar de que la inflación avanzaba entonces a un ritmo del 15% en el país, el organismo, bajo el yugo de los tentáculos de Erdogan, se negaba a mover ficha y a aumentar el precio del dinero. La lira se desplomó en aquel momento, y aunque recuperó parte de lo perdido a mediados de agosto, las caídas continuaron: ayer la divisa cotizaba en 0,129 euros, a solo un 1,55% de los mínimos que se vieron en agosto, los 0,127 euros, el nivel más bajo que ha tocado la divisa en toda su historia.

 

La situación podría haber sido todavía peor si el banco central del país no se hubiese doblegado finalmente, como hizo ayer, ante el regreso del monstruo de la inflación. Turquía publicó ayer un incremento en la cesta de precios de referencia del 17,9% interanual durante el mes de agosto, el avance más fuerte que se ha visto en el indicador desde septiembre del año 2003. Tras el anuncio, el banco central emitió un comunicado en el que señaló que “en vista de los últimos acontecimientos la política monetaria será ajustada en la reunión del comité del mes de septiembre [tendrá lugar el próximo jueves 13, el mismo día en el que se reúne el Banco Central Europeo]”.

El dato de inflación asustó al mercado, que vendió liras hasta que su cotización llegó a tocar los 0,127 euros, con una caída de casi el 2,8%

Antes del anuncio, el dato de inflación asustó al mercado, que vendió liras hasta que su cotización llegó a tocar los 0,127 euros, con una caída de casi el 2,8% durante la jornada. Ahora, eso sí, la pregunta es si la entidad aumentará el precio del dinero de forma suficientemente contundente como para frenar el avance de los precios. Piotr Matys, estratega de divisas de Rabobank, explica a Bloomberg que “un anuncio de este tipo pone todavía más presión en el banco central turco para aumentar los tipos de forma apropiada”. Hay que tener en cuenta que los mercados podrían haber descontado ya la subida tras el anuncio del banco central, por lo que ahora la entidad defraudará a los inversores si no cumple con las expectativas que ella misma ha creado. “El banco central se ha obligado a sí mismo a superar las expectativas el próximo 13 de septiembre”, declara Matys a la agencia.

Habrá que esperar para ver si Turquía cumple con las expectativas, pero, de momento, la lira tiene un largo camino por recuperar: en lo que va de año la divisa del país pierde un 69% frente al euro, y un 75% frente al dólar, siendo la moneda más bajista que hay en el mercado en lo que va de año, entre las más cotizadas que recoge Bloomberg.

Víctor Blanco Moro/el economista.es

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