En un escenario avejentado, ante una platea de ex funcionarios de diferentes países latinoamericanos con más recuerdos que votos, Cristina Kirchner traicionó ayer por un rato la estrategia que más resultados le dio en los últimos años: permanecer callada. La ex presidenta queda por largos períodos enredada en la peor pesadilla de un político y crece en la consideración popular cuando no ofrece discursos públicos.

Ella lo sabe, y por eso prefiere jugar al misterio y mantener reuniones con sus asesores -y también con algunos empresarios y famosos comunicadores- que quedan en reserva.

Ayer, sabedora de que la única persona con proyección electoral en el predio de Ferrocarril Oeste era ella misma, optó por encadenar algunas frases de campaña. Llamó a la unidad de la oposición, para darle juego a las conversaciones que su equipo viene teniendo con todos los sectores del peronismo y la centroizquierda, y jugó a ponerse por encima de todas las grietas, excepto la que la separa de Mauricio Macri.

Igual que hace el Presidente con respecto a ella, Cristina invitó a confrontar su gestión con la de Cambiemos. “Pocas veces en la historia se da la posibilidad de poder analizar dos modelos de Gobierno con tan poco espacio de tiempo”, dijo la senadora. Por supuesto, se dedicó a la economía, el punto que más le duele a Macri este año.

En esa confrontación con su sucesor, Cristina se mueve con comodidad, y es la misma que elige el Presidente a cada rato, aunque prefiera negarlo. Como los rivales clásicos del fútbol, cada uno de ellos tiene a mano una etiqueta para tirarle por la cara al otro. “Neoliberales”, dice Cristina. “Populistas”, responde Macri. Todo indica que los dos apelarán a esa misma pelea en 2019, como ocurrió en 2015. Habrá que resignarse, si esa predicción se comprueba, a ver otra obra en un escenario avejentado.

fuente CLARIN

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