Cristina Fernández de Kirchner no quiere dejar dudas sobre su decisión personal, en la previa a la campaña más abierta. Definió distrito por distrito donde empujar acuerdos con gobernadores peronistas y donde ir con candidatos propios para tratar de astillar a los referentes del peronismo federal. Es un proceso en marcha desde el año pasado, que venía avanzando lentamente y que –pura o sugestiva coincidencia- se aceleró en las últimas semanas con la aparición en escena de Roberto Lavagna.

No es el único mensaje emitido por la ex presidente, mientras juega con la indefinición pública de su candidatura. Algunos de sus interlocutores, en especial bonaerenses, no tienen muchas dudas: anotan que su «proyecto» y su peso electoral individual son invocados para cerrar trato e imponer condiciones. Todas las conversaciones de peso están a cargo de su círculo blindado, es decir, el propio Máximo Kirchner, Andrés Larroque y Eduardo «Wado» De Pedro, según el caso y el distrito. En este punto no hay diferencia de relato en medios peronistas, desde Buenos Aires a Chaco y desde Tucumán a Tierra del Fuego.

Hay diferencias de matices en las negociaciones, de acuerdo con cada provincia, y en algunos casos ni siquiera son tratativas sino estrategias impuestas. Con varios gobernadores peronistas hay una especie de coincidencia táctica, de conveniencia mutua, que no aseguraría compromiso explícito para las elecciones presidenciales, pero sí como primer paso legisladores para los bloques de la ex presidente a cambio de respaldo a las reelecciones locales.

En esa línea, hay varias tratativas en marcha, con avances disímiles. Valen algunos ejemplos, sobre todo en las provincias que planean o ya decidieron adelantar sus elecciones y despegarlas de la batalla nacional.

En el Chaco, las conversaciones apuntan a garantizar la unidad de las distintas vertientes peronistas para ir por la reelección del gobernador Domingo Peppo. Jorge Capitanich, que recaló en la intendencia de Resistencia con el kirchnerismo dejando el poder nacional, estaría conversando para ir como primer candidato a senador nacional. Dicen que es el deseo de CFK, pensando en fortalecer su representación legislativa más alineada.

En Entre Ríos ocurre algo similar. El gobernador Gustavo Bordet, que bajó su exposición en el PJ federal, cerró un entendimiento con su antecesor, Sergio Urribarri. Bordet irá por la reelección y el ex gobernador y referente kirchnerista mantendrá su poder en la legislatura provincial. Hubo contacto personal de Bordet con la ex presidente. Pero no estaría saldado cómo sería el juego posterior, es decir, la presidencial y las listas para diputados y senadores nacionales.

Cristina Kirchner y José Alperovich

Cristina Kirchner y José Alperovich

Más complejo es el cuadro de Tucumán. Juan Manzur ató su proyecto de continuidad en la gobernación a un acuerdo con el kirchnerismo local. Hizo público su renovado y antes algo desdibujado alineamiento con la ex presidente, pero a pesar incluso de contactos reservados con referentes nacionales de La Cámpora no logra ordenar el panorama: José Alperovich insiste en ir por un nuevo mandato, también con declarada lealtad a CFK.

El factor local también pesa en otros distritos, pero la búsqueda de acuerdos convenientes en la coyuntura también se expresan en Tierra del Fuego, donde hay disputas entre kirchneristas locales, y La Rioja, entre otros. Diferente es el caso de San Juan, donde en rigor la unidad es fruto de la convergencia detrás del gobernador Sergio Uñac, que se afirmó como jefe local del PJ y muestra perfil propio.

En cambio, donde las posiciones son irreconciliables y de armado nacional claramente diferenciado, la pelea es frontal. El caso de Córdoba es el más claro. Mensaje explicito de la ex presidente, allí el kirchnerismo irá con candidato propio para disputarle votos a Juan Schiaretti. Parece una señal al resto del peronismo federal, como en otra escala fue antes la ofensiva sufrida por Mariano Arcioni en Chubut: pelea abierta.

Los gobernadores peronistas, más allá de sus fortalezas o debilidades locales –estas últimas, las que condicionan los acuerdos con rivales internos kirchneristas- buscan mantener como bloque su peso nacional. No es fácil ceder algún lugar en las listas de legisladores nacionales, porque hace a su capital para la negociación con el gobierno nacional, en todas las épocas. Por eso, cuidan al detalle hasta los lugares menos expuestos: hace unos días, sin ruido alguno, reeligieron al ministro chaqueño Cristian Ocampo como titular de la comisión Federal de Impuestos.

Está claro que la ex presidente también cuida y monitorea cada detalle. Busca sumar apoyos a su planteo de «unidad opositora», sin descuidar siquiera la estructura formal del PJ y resquebrajando si es posible al peronismo federal. El Consejo nacional del PJ, con la cobertura de la comisión de Acción Política, añade nombres de quienes han recompuesto relaciones o volvieron a orbitar alrededor de CFK: se suman en estas horas Alberto Fernández y el bonaerense Fernando Gray, como antes Felipe Solá y Hugo Moyano.

La mayor atención, claro, está puesta en Buenos Aires. Y allí CFK dejó en claro dos cosas: la primera, que no habrá internas por la candidatura a gobernador, y la segunda, que la fórmula será armada por ella misma. Eso, incluso para los intendentes con pretensiones de dar pelea, sería aceptable de manera ineludible si ella misma va por la presidencia. Dicho de otra manera: esa disposición sería la señal de que será candidata, porque sólo ella disciplinaría la interna. Todo, cuidando los lugares que asigna a su propio hijo y otros leales que, como Larroque, deben renovar sus bancas en este turno.

El kirchnerismo viene apostando a que el peso específico de su líder, el desgaste de Mauricio Macri y las dificultades para instalar otro candidato del arco peronista harían ineludible el alineamiento de buena parte del PJ federal detrás de la ex presidente. El objetivo más sensible: atraer a Sergio Massa.

Sergio Massa y Roberto Lavagna estuvieron reunidos la semana pasada

Sergio Massa y Roberto Lavagna estuvieron reunidos la semana pasada

Pero ocurre que la posibilidad de que Lavagna finalmente se anote en la carrera presidencial revitalizó el espacio del PJ federal, a pesar de haber sumado tensiones, sobre todo, por su pretensión de ser consagrado sin PASO. El ex ministro, que según algunas fuentes estaría más dispuesto de lo que parece a ser candidato, buscaría además abrir el frente a socialistas, radicales malhumorados con el oficialismo y otros grupos.

Esta nueva oferta electoral que asoma es por ahora un interrogante. Le alcanza, con todo, para poner en discusión la idea de un irreversible proceso de succión kirchnerista que dejaría sin aliento al proyecto empujado inicialmente por Schiaretti, Massa, Urtubey y Pichetto. Alcanza, de entrada, para ir poniendo a Lavagna en la mira.

En paralelo, la perspectiva electoral ha impactado en la estrategia de la ex presidente y su círculo frente a las causas judiciales por corrupción. A los dichos repetidos sobre «persecución política» y otras variaciones en el intento de desacreditar los casos, se vienen sumando operaciones que apuntan además contra algunos periodistas. En las oscuridades de viejos servicios de inteligencia se apoyaría también una ofensiva que no se limita al discurso.

fuente INFOBAE

Comments

comments